A inicios del siglo XX la burguesía porteña vivió un período de gran prosperidad económica, la que se tradujo en un creciente consumo de artículos lujosos y un estilo de vida que imitaba las pautas de la burguesía europea. Las viviendas de los grandes comerciantes porteños imitaban los estilos arquitectónicos de moda en el Viejo Mundo, mientras que la vestimenta y el mobiliario del hogar eran importados directamente de Europa o encargados a artesanos de reconocida trayectoria que evocaban la moda imperante en ese continente.

Con la música, la danza y los espectáculos teatrales sucedía algo similar. Las danzas que tuvieron vigencia en los salones de la aristocracia y de la clase media eran principalmente de origen europeo. Las contradanzas, la zamacueca, la polka, la habanera y el vals convivieron sin problemas y fueron cayendo en desuso lentamente en las primeras décadas del siglo XX. A comienzos del 1900 se incorporaron las danzas norteamericanas como el vals Boston , el one step , el fox trot , el shimmy y el charleston , las que poco a poco fueron ganando terreno hasta desplazar a los ritmos más tradicionales.

Inaugurado en 1844, el Teatro Victoria se convirtió desde entonces en uno de los principales centros de reunión social de la burguesía de Valparaíso. Su existencia estuvo marcada por los desastres, puesto que debió ser reconstruido en dos ocasiones, la primera en 1886 debido a un incendio que arrasó con él y la segunda tras el terremoto de 1906. A pesar de estos inconvenientes, se convirtió en un importante lugar de difusión de las nuevas corrientes musicales europeas de fines del siglo XIX e inicios del XX, dando acogida a espectáculos de ópera, ballet, zarzuela y conciertos instrumentales.

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