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Billinghurst Angulo, Guillermo (1851-1915)
Guillermo Billinghurst (1851-1915)El autor de Los capitales salitreros de Tarapacá nació en Arica un 27 de julio de 1851. Su llegada al puerto de Iquique la calculamos para 1857, pues en su partida matrimonial, acto realizado en Iquique un 15 de abril de 1879 con la señorita María Emilia Rodríguez Prieto, de veinte años de edad, don Guillermo declara ser natural de Arica y veintidós años vecino de esta parroquia (Nuestra Señora de la Concepción de Iquique). Se calificó católico e hijo legítimo de Guillermo Eugenio Billinghurst y Belisaria Angulo, ambos entonces, ya estaban fallecidos. Doña Belisaria murió un 20 de febrero de 1866 y sus restos descansan en el cementerio Nº 1 de Iquique.
Respecto de su padre, el historiador peruano Jorge Basadre señala que murió ahogado en Arica en el maremoto de 1868. Sin embargo, equivoca el lugar, pues esta tragedia aconteció en el puerto de Iquique, en el barrio La Puntilla.

Antes de proseguir con la vida de Guillermo Billinghurst, resulta interesante hacer un paréntesis sobre la genealogía de su familia, que podría, en cierta forma, explicar algunos aspectos del carácter del personaje. Su abuelo se llamaba Guillermo Roberto Billinghurst, natural de Inglaterra. Para Vicente Osvaldo Cutolo y Diego Abad de Santillán nace en el condado de Surrey el 3 de febrero de 1782, en cambio para Hugo Fernández de Bursaco nace en Fainham el 16 de agosto de 1827. Supuestamente fue hijo de don Guillermo Billinghurst, prebendario de Winchester, y de doña Elena Billinghurst, Fernández de Bursaco señala que fue heredero del coronel mayor don Jorge Woodroffe, cuyo apellido cambió por el de Billinghurst con licencia del Rey. Don Guillermo Roberto se casó con Doña Francisca Agrelo Moreyra, descendiente de una importante familia de patriotas argentinos (por ejemplo, Mariano, Martín Avelino, Pedro José). De este matrimonio nacieron Daniel Mariano, Guillermo Eugenio, Roberta Luisa, Catalina Florencia y Roberto Gay.

De sus hijos, Daniel Mariano, conocido como Mariano al igual que su padre, fue un pro-hombre de la historia argentina. Nació en 1810, comerciante, realizaba giras mercantiles a Chile y Lima, donde conoció a Simón Bolívar, fue él quien –siendo todavía adolescente– encontró en una calle el cadáver de Bernardo Monteagudo en Lima. Luchó contra la dictadura de Rosas, llegando a radicarse en Paraguay por este motivo. Fue Gran Maestro de la Masonería, y realizó importantes obras benéficas en Buenos Aires, especialmente en la Comisión Municipal de esa ciudad, donde fue diputado, y en su lucha contra las epidemias de cólera y fiebre amarilla. Murió octogenario el 13 de junio de 1892. Esta breve referencia biográfica del tío de don Guillermo, y de la que haremos de su padre, nos permitirá entender varios aspectos de su vida, especialmente su vocación patriótica, su filantropía, su interés por la política, su ilustración y su capacidad para los negocios.

El padre de don Guillermo, Guillermo Eugenio Billinghurst, tuvo una conducta similar a la de su hermano Mariano, como él fue un hábil comerciante y patriota contrario al dictador Rosas. Fue partidario del idealismo de Alberdi y estuvo bajo las órdenes del general Lavalle, siendo su secretario, con quien estuvo casi toda la campaña militar con excepción del desastre de Faimallá, del 19 de septiembre de 1841, por encontrarse ya en Cobija adonde había llegado buscando alivio en el cálido clima del litoral boliviano, con una rodilla herida en batalla. En este puerto apoyó a los patriotas por la independencia de América que iban camino a Valparaíso.

En septiembre de ese mismo año murió en Buenos Aires su padre Roberto, el guerrero de la independencia argentina. Se sabe de su gran amistad con Félix Frías, con quien tuvo una nutrida correspondencia, llegando a reunirse en Cobija el año de 1843. En Cobija se dedicó a la explotación del guano e inició vínculos comerciales con casas empresariales inglesas para la explotación de fertilizantes; en 1842 obtuvo la concesión de la sociedad Gibbs, Cawley y Cía., y la sociedad con la casa Campbell Outram.

El padre de don Guillermo, después de la caída de Rosas, no regresó a Buenos Aires, quedándose definitivamente en esta zona y casándose en Arica con doña Belisaria Angulo Tudela. Se trasladó a Iquique cuando éste ya gozaba del título de puerto mayor y, por lo mismo, comenzaba a transformarse en el puerto principal de la exportación de nitrato de soda, y los intereses de don Guillermo Eugenio estaban enfocándose en esa floreciente industria. Construyeron su casa en el barrio La Puntilla, uno de los más antiguos del puerto y a escasos metros de la bahía, como era lo habitual para quienes tenían negocios de importación y exportación vinculados al salitre. Incluso, una característica relacionada con este factor, fue el origen de los miradores de las casas antiguas de Iquique, pues permitían escrutar la bahía y observar el movimiento de los veleros y vapores. En la década de los años cincuenta, siguiendo a William Bollaert, Pedro Bravo-Elizondo nos dice “los comerciantes pagan anualmente a la aduana unos doscientos mil dólares, principalmente por la importación de harina. Alrededor de ochenta y cuatro mil derivan de vinos y espíritus en 1858. La Oficina de Correos dio en 1859, 3.130 dólares. Para que el lector aprecie el movimiento portuario y lo que éste significa en el desarrollo económico de la zona, desde el primero de enero al primero de agosto de 1859, 281 veleros entraron a la rada de Iquique”.

Las famosas líneas de veleros o clippers “P” o Laeisz, alemana, y Border, francesa competían con los vapores por la carga del nitrato y lo hicieron hasta bien entrado el siglo XX. Hacia 1903, Basil Lubbock nos dice que se llegó a la cifra de 1.657 embarcaciones transportando salitre10, aunque, por cierto, no era solamente salitre, el cabotaje que trajo el pino oregón y a migrantes a la ciudades del salitre, transformó al puerto en una urbe de madera y en una población de diversas nacionalidades. El famoso periodista inglés William Howard Russell, hacia 1889, diría que siete de cada diez habitantes de la ciudad eran extranjeros, observando el carácter cosmopolita de la ciudad. Ese era el Iquique donde Guillermo Billinghurst Angulo llegó siendo un niño y vivió su juventud, quizá por ello su gran cariño por este puerto. Posteriormente a la destrucción de esta casa del barrio La Puntilla por el maremoto ya mencionado, el hogar de los Billinghurst se ubicó en el casco antiguo de la ciudad, más alejado del mar, en la calle Esmeralda.

Don Guillermo Billinghurst Angulo se educó en Valparaíso en el colegio inglés Goldfinch y Bluhm, y posteriormente partió a Buenos Aires para completar su educación, pero la muerte de su padre frustró esta misión, por tanto, no logró tomar un contacto más permanente con su familia argentina, en especial con su tío Mariano. La educación en Valparaíso fue una experiencia que le sirvió para vincularse a chilenos del centro del país, que después le permitirían alcanzar acuerdos políticos muy relevantes entre Chile y Perú, especialmente cuando estuvo en la vicepresidencia de su país.

En el colegio Goldfinch y Bluhm conoció al héroe peruano Alfonso Ugarte Vernal, iquiqueño, quien murió en la batalla del Morro de Arica el 7 de junio de 1880. La amistad con Alfonso Ugarte fue fundamental para su temprana incorporación a la política. En enero de 1876 se organizó en Iquique un consejo departamental, cuyo alcalde fue don Antonio Gutiérrez de la Fuente, y un consejo provincial, cuyo alcalde fue precisamente Alfonso Ugarte. También llegaría a la alcaldía, pero su condición de diputado por Tarapacá le permitió acceder a los círculos del poder en Perú, incluso, mientras residía en un Iquique bajo soberanía chilena. Al establecer su residencia en Iquique, más allá de sus intereses económicos en esta región, le permitió desempeñarse como cónsul de su país en el puerto grande, pero por sobre todo, ser la principal figura peruana para los tarapaqueños de esa nacionalidad.

Una vez terminada la guerra, mostró una gran preocupación por sus compatriotas radicados en Tarapacá, siendo acreditado como cónsul general de Perú en Chile con residencia en Iquique en marzo de 1866. Al año siguiente publicó un libro denominado Condición legal de los peruanos nacidos en Tarapacá. Donde señala en una de sus partes:

“A los peruanos se les concede derecho de hacerse ciudadanos chilenos, pero no se les impuso la obligación de renunciar a su nacionalidad como condición de permanencia en el territorio”.

Su presencia en Tarapacá no fue la de un diplomático de carrera, esta provincia era su ambiente, donde estaba parte de su familia, sus amigos, sus negocios y sus intereses de investigador.

La sociedad que hizo su padre con la casa inglesa Campbel Outram, le permitió acceder, después de un largo pleito legal llevado adelante por el abogado chileno Carlos Walker Martínez hacia 1889, a una importante suma de dinero (veinte mil libras esterlinas), consolidando así su fortuna, que se acrecentó debido al posterior fallecimiento de sus hermanos Roberto y Celia. También, obtuvo importantes ganancias de la venta de las aguas de Pica para el abastecimiento de Iquique. Esta fortuna fue fundamental para que don Guillermo lograra penetrar a la férrea oligarquía limeña de la época que dominaba la política y economía peruanas. De igual modo, fue esencial para que pudiera organizar una de las más completas y valiosas bibliotecas personales de todo el litoral del Pacífico sur en el siglo XIX. Y, además, le permitió dedicarse a la investigación, a escribir y editar sus libros, al periodismo, a la filantropía y a realizar negocios, especialmente salitreros, que hicieron de él un personaje de su época. Empero, su espíritu aventurero e idealista recibido de familia, le puso una y otra vez en el escenario de la política contingente. Posiblemente, la alcaldía de Lima, es el lugar desde donde pudo desarrollar con mayor claridad sus ideas sociales, más que desde el parlamento o la presidencia de la República.
 
Participó del Partido Demócrata, siguiendo a su líder Nicolás de Piérola, de quien fue su vicepresidente cuando llegó al poder, distanciándose cuando éste se alejó de su propio ideario aproximándose a los sectores oligárquicos que tanto criticaba. Llegó al gobierno de Perú bajo el lema de “Pan Grande” y apoyado por las organizaciones obreras, especialmente el Movimiento Mutualista. Su programa de gobierno consideraba, entre otros puntos, la lucha contra la desocupación, la garantía para el sufragio, la promoción de la inmigración europea, una ley de accidentes del trabajo, asistencia social para los obreros, el desarrollo de la instrucción, la irrigación, construcción de casas para obreros, el mejoramiento de las instituciones armadas, ensanchamiento y seguridad de los puertos, promover la honradez del gobierno, etc. Guillermo Billinghurst era un demócrata y un liberal, con gran sensibilidad hacia el mundo obrero y la población indígena.

¿Tuvo una adscripción masónica? El historiador peruano, Osmar Gonzáles, quien realizó una notable tesis doctoral sobre Guillermo Billinghurst, se hizo una pregunta similar después de estudiar cartas que le escribió don Guillermo a Ricardo Palma, el conocido historiador de las tradiciones peruanas. En una de las cartas que Ricardo Palma le envió (25 de septiembre de 1890) le adjuntó la revista Masónica. Nos dice Osmar Gonzáles que Ricardo Palma fue Venerable Maestro grado 3315, pero que no tiene antecedentes suficientes para señalar que don Guillermo también haya sido masón. Nosotros tampoco; sin embargo, es preciso señalar que su tío Mariano Billinghurst fue Gran Maestro de la Masonería en Argentina.

Guillermo Billinghurst incomodó a la oligarquía peruana desde un comienzo, tanto por sus ideas democráticas como por su alianza con los sectores obreros, situación que llevó a los historiadores peruanos a definirlo de populista. Además, por su conocimiento de las compañías salitreras, en especial del capital inglés, criticó al capital extranjero, incluido el estadounidense, que iniciaba una fuerte penetración económica en Perú, aprovechando el conflicto con Chile. Era un convencido de la capacidad empresarial de ambos países –Perú y Chile– para llevar adelante un proceso productivo como el salitrero. Era un nacionalista en el sentido de que entendía la importancia de un Estado-nación para países emergentes como los latinoamericanos, ideario que es plenamente compatible con el Chile decimonónico, pero no con Perú, ni siquiera el Perú de comienzos del siglo XX. Por ello la dificultad estructural que tuvo en su intento, como estadista, de provocar una profundización democrática en ese país. Por esta razón es de justicia compararlo con Arturo Alessandri Palma, sin embargo, la reforma intentada por Guillermo Billinghurst fue diez años antes que la del León de Tarapacá. Curiosamente en el mismo año de 1915 en que falleció en Tarapacá, Arturo Alessandri recorría la provincia y se alzaba como senador, derrotando al cacique local don Arturo del Río.

Político y empresario, fue también un intelectual, recuerda Jorge Basadre:

“Militó también Billinghurst en el periodismo y lo fomentó. Cooperó en 1882 a la fundación del diario de Iquique La Industria que redactó el escritor colombiano Justiniano de Zubiría. En 1888 fue fundador y director del Ateneo de aquel puerto. Escribió varias obras de interés local como Estudio sobre la geografía de Tarapacá (Santiago, 1886); Abastecimiento de agua potable para el puerto de Iquique (Lima, 1887); Condición legal de los peruanos nacidos en Tarapacá (Santiago, 1887); Los capitales salitreros de Tarapacá (Santiago, 1889); La irrigación de Tarapacá (Santiago, 1893); Legislación sobre salitre y bórax en Tarapacá (Santiago, 1903). Por esa época redactó también una Historia de la provincia de Tarapacá con datos muy valiosos y que nunca llegó a ser editada. Ya antes de la guerra con Chile había publicado Rápida ojeada a la cuestión del salitre (Valparaíso, 1875) y Compendio de la legislación municipal del Perú 1873-1877 (Iquique, 1878) y, durante aquella contienda, Alfonso Ugarte, corona fúnebre (Lima, 1880) y Reconocimiento militar del río Desaguadero y de la altiplanicie andina (Lima, 1880)”.

Su currículum nos da cuenta de que su mayor y mejor producción intelectual la realizó en los períodos de ausencia del centro del poder (Lima), es decir, cuando estaba radicado en Iquique, desde el término de la Guerra del Pacífico hasta su ascensión al cargo de Vicepresidente de la República, en otras palabras entre 1883 y 1894. Su producción intelectual más próxima a la investigación científica la realizó en la tranquilidad de su hogar iquiqueño o piqueño, calculamos que fueron unos diez años dedicados a esa bella tarea de geógrafo e historiador.

Su labor intelectual no significó que estuviera ajeno a la política peruana, donde se involucró en diversas aventuras siguiendo a Nicolás de Piérola, como su padre lo hizo en su tiempo respecto de Alberdi y Lavalle. Acompañó al “Califa” en la revuelta de Yacango y en la aventura del Huáscar (1877), y lo apoyó en la sublevación al gobierno de Andrés Avelino Cáceres. En esos años productivos igualmente ocupó cargos de responsabilidad política, como de diputado por Iquique (1878), también fue coronel de reserva y jefe de Estado Mayor durante la Guerra del Pacífico (1880-1883), donde cayó prisionero. Terminada la guerra fue cónsul de su país en Iquique.

Fue el cargo de Vicepresidente de la República (1898) el primero que lo alejó de Iquique y de las letras. Sin embargo, logró aproximar a los gobiernos de Perú y Chile en el llamado Protocolo Billinghurst-Latorre, que tuvo por objetivo resolver el conflicto por Tacna y Arica. Cuando concluyó el gobierno de Piérola en 1899, se esperaba que fuera Guillermo Billinghurst su sucesor; no obstante fue ocupado el sillón presidencial por Eduardo López Romaña, frustración que hizo que don Guillermo se retirara de la política hasta 1903, año en que publicó la última de sus obras científicas. Después su biografía está definida por su actividad en la política peruana: alcalde de Lima (1909), Presidente de la República (1912), derrocado del poder (1914), falleció en el destierro en Tarapacá (1915) y repatriado a Lima (1916).

Decir que muere en el exilio es relativo en este caso, pues Guillermo Billinghurst falleció un 28 de junio de 1915 en el oasis de Pica, junto a su familia y amigos, en la provincia donde vivió y trabajó la mayor parte de su vida y a la cual dedicó muchas horas de su trabajo intelectual y empresarial. El 20 de septiembre de 1916 sus restos fueron repatriados a Lima, mientras tanto –un año y tres meses– descansó en el pequeño mausoleo familiar del cementerio N° 1 de Iquique junto a su madre.
 
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