Inicio arrow Fichero de Autores arrow Individuales arrow Vicuña Mackenna, Benjamín (1831-1886)
Vicuña Mackenna, Benjamín (1831-1886)
Retrato de Benjamín Vicuña MackennaLa figura de Benjamín Vicuña Mackena (1831-1886), autor de A través de los Andes, es una de las más atractivas de Chile en sus doscientos años de historia independiente. A pesar de su corta vida (apenas cincuenta y cinco años), realizó una intensa actividad como historiador, ensayista, parlamentario y gobernante. Asombra la cantidad y calidad de su labor en un período tan acotado.

La intensidad de su pluma no dejó a nadie indiferente. Amado y odiado, admirado y denostado, fue una de las figuras más interesantes de la primera mitad de la historia de su patria. En su Historiografía chilena, Cristian Gamzuri lo calificó de “infantil, ingenuo, atolondrado, hiperquinético, intuitivo, generoso, muchas veces genial, pero agresivo y capaz de sentir odio, al menos temporalmente. Veraz a su manera, no pactaba con la hipocresía” (Cristian Gazmuri, La historiografía chilena, pp. 127-128).

Estaba dotado de una fuerza interior que tendía a desbordar las instituciones. A los diecinueve años ya sufrió su primer conflicto al ser proscrito de la Academia de Leyes. No conforme con ello, en la década de 1850 participó activamente en intentos de golpe de Estado y puso toda su energía en el derrocamiento de las autoridades constituidas.

Estas prácticas eran bastante comunes en América Latina de esos años; sin embargo, en Chile, ya eran un anacronismo, debido a la temprana consolidación institucional que se había logrado desde 1831 con las presidencias decenales, la Constitución de 1833 y el paraguas político que construyó Diego Portales. Desde esta perspectiva, su responsabilidad y liderazgo en los intentos golpistas pusieron en riesgo la calidad institucional de Chile, construida con tanto sacrificio y tanta sangre.

Su acción golpista en la década de 1850 se canalizó tanto en lo ideológico como en la gestión. Su labor periodística, más que un funcional “cuestionamiento permanente del poder”, se extralimitó hasta llegar al borde de poner en peligro la calidad institucional de su país. Más allá de la mayor o menor consistencia de sus críticas al gobierno, el autor no lograba ponerse a sí mismo límites en la crítica; con frecuencia iba más allá del ámbito republicano para exhortar al derrocamiento de las autoridades. Además, en su enfoque no había una actitud ideológicamente coherente, pues no dudaba en aliarse a la vez con liberales y ultramontanos, con tal de atacar a los conservadores. En esos años juveniles, su principal impulso fue por el poder: necesitaba un lugar desde donde canalizar sus energías.

El otro Benjamín Vicuña Mackenna
Vicuña Mackenna es reconocido por su papel como historiador, inteletual y político, con dilatada trayectoria como cabeza del liberalismo chileno. Pero Vicuña Mackenna fue más que eso: tuvo una relevante participación en ámbitos más técnicos, como impulsor de una de las importantes reformas urbanas que ha tenido la ciudad de Santiago; asimismo, como impulsor de obras de infraestructura, entre las que desataca el Ferrocarril Trasandino.

En cierta forma, en la década de 1850, Chile tuvo que “soportarlo” pacientemente, hasta darle la oportunidad de madurar. El país lo sufrió, y él mismo tuvo que pagar el costo de sus exabruptos. Dos veces fue detenido y puesto en prisión (abril de 1852 y diciembre de 1858). Conoció la condición de reo: fue juzgado y declarado culpable. Llegó a experimentar la sensación de escuchar que se le informaba que estaba condenado (a muerte o al destierro). Sufrió humillaciones y dolor. Vivió malos momentos. Sin embargo, desarrolló una notable capacidad de resiliencia: en la adversidad, en vez de derrumbarse, se fortaleció. Estas vivencias le permitieron madurar y convertir su ambición personal en fuerza productiva para su nación.

Los viajes también aportaron a su proceso de madurez. Después de sus frustrados intentos de golpe de Estado, tuvo que exiliarse. Primero recorrió México, Estados Unidos y Europa; en el segundo viaje se enfocó en Inglaterra y España, con escalas en Lima y Buenos Aires. Aprovechó estas oportunidades para conocer aspectos políticos, sociales, económicos y culturales de aquellas regiones; además, recorrió archivos para relevar documentos de utilidad para la historia nacional. En uno de sus viajes trajo treinta volúmenes de documentos del Archivo de Indias. También se interesó por recorrer el territorio y los caminos de montaña, lo cual le serviría para elaborar el libro que se reedita en la Colección Biblioteca Fundamentos de la Construcción. Concretamente, en septiembre y octubre de 1855 viajó de Mendoza a Santiago por el paso de Uspallata, y tuvo oportunidad de observar el terreno que, treinta años más tarde, examinó críticamente con vistas a la construcción del Trasandino.

Ceremonia de inauguración del Ferrocarril Trasandino, en el año 1909.Promediando la década de 1860 logró, finalmente, incorporarse como actor legítimo del escenario político nacional. Primero fue electo diputado (1864); después el gobierno lo envió en misión confidencial a Estados Unidos (1865). Tras regresar a Chile, accedió nuevamente al Congreso como diputado (1867) y después, fue intendente de Santiago (1872-1875). Su exitosa gestión fue la base de su candidatura presidencial (1876); frustrado este intento, volvió al Parlamento, esta vez como senador (1879). Después de dos décadas de altos niveles de exposición en cargos legislativos y ejecutivos de la República de Chile, dio por terminada su vida pública y en 1884 se retiró a su fundo de Santa Rosa de Colmo, entre Limache y Concón. En ese lugar, entre el bucólico paisaje rural chileno y las brisas del Pacífico, se concentró en su biblioteca y sus últimos escritos históricos, hasta su fallecimiento, dos años después.

El proceso vital de Benjamín Vicuña Mackenna, con sus arrebatos juveniles de los años cincuenta y su madurez desde mediados de los sesenta, se reflejó también en su obra historiográfica. En sus años juveniles escribió sus relatos de viajes (1855), y sus apologéticas semblanzas de los Carrera (1857) y de Bernardo O’Higgins (1860). En esos años, se deslumbraba por el despliegue de la acción y el poder. A medida que fue madurando, se hizo cargo de valores más profundos y obras colectivas de largo plazo. Recién entonces fue capaz de reconocer la relevancia de la estabilidad institucional de Chile, aportada por la primera presidencia decenal (1862), y el aporte fundamental de Diego Portales para hacer de Chile el primer país republicano con el “estado en forma” dentro de América Latina. Luego, se focalizó en estudios de ciudades, sobre todo Santiago (1869) y Valparaíso (1872). En el último lustro de su vida entregó una cantidad significativa de obras, algunas de las cuales se publicaron después de su muerte. En el marco de este período de madurez y alta productividad, escribió y alcanzó a publicar A través de los Andes.

Esta obra fue publicada año antes de morir, en 1885, y mientras gozaba de su retiro en Santa Rosa de Colmo.

Su propósito era identificar la mejor ubicación del futuro ferrocarril interoceánico entre el Atlántico y el Pacífico en América del Sur. Este antecedente resultaría determinante para las decisiones políticas, técnicas y económicas que culminaron con la construcción del Ferrocarril Trasandino, librado al servicio en 1909 y operado hasta 1984. 

Ferrocarriles y progreso
El desarrollo de la economía exportadora , en el siglo XIX, hizo necesario desarrollar importantes programas en infraestructura, destinados a mejorar la conectividad dentro del país. En una primera etapa se perfeccionó la rudimentaria red vial, heredada de la colonia. En una segunda esta, las inversiones se concentraron en los ferrocarriles, que se convirtieron, durante décadas, en el emblema del progreso en Chile. La obra técnica más compleja y ambiciosa emprendida en esta etapa fue la construcción del Ferrocarril Trasandino, inaugurado el año 1909.

Durante cerca de un siglo, el Ferrocarril Trasandino fue el principal medio de transporte terrestre entre Argentina y Chile. Y en la historia de las relaciones entre ambos países, hubo claramente un antes y un después del Trasandino. Con anterioridad, el transporte a través de la cordillera se realizaba a lomo de mula en viajes lentos, incómodos y de alto riesgo. Después del ferrocarril, se construyó el corredor bioceánico conocido como paso Los Libertadores o Sistema Cristo Redentor, inaugurado en 1982, y cuya traza coincide, en lo esencial, con la del Ferrocarril Trasandino.

Su construcción fue una de las grandes obras de ingeniería del mundo, comparable con el canal de Suez, el canal de Panamá, el Ferrocarril Transiberiano y el bioceánico de Estados Unidos. Se trata de proyectos de singular envergadura, que requieren de colosales recursos y de la concurrencia de un conjunto de actores políticos, sociales, culturales y económicos, pues es necesario construir grandes consensos para ponerlos en marcha. En este proceso, la acción y el libro de Benjamín Vicuña Mackenna significaron un valioso aporte.

 
Buscar
Biblioteca digital
  • Ver Galerias
  • Ver Galerias
  • Ver Galerias
  • Ver Galerias
  • Ver Galerias
  • Ver Galerias
  • Ver Galerias
  • Ver Galerias
  • Ver Galerias
  • Ver Galerias
  • Ver Galerias
  • Ver Galerias
  • Ver Galerias
  • Ver Galerias
  • Ver Galerias
  • Ver Galerias
  • Ver Galerias

Descarge el plugins Flash para poder ver el video