Universidad de Chile
Portada Anales Universidad de Chile del año 1846Anales de la Universidad de Chile (AUCH), es una de las publicaciones periódicas, con carácter científico, más antiguas en Latinoamérica. La revista ha tenido 5 series a lo largo de su historia: la primera entre 1844-1922; la segunda entre 1923-1930; la tercera entre 1931-1941; la cuarta 1941-1971; la quinta entre 1982-1990; la sexta se inicia en 1995.

La revista Anales de la Universidad de Chile fue fundada en el año 1844, esto es, casi juntamente con la universidad. El año 1844 apareció su primer volumen que reunía las leyes y decretos del gobierno; los acuerdos adoptados por el consejo de la incipiente universidad, los acuerdos alcanzados por las distintas facultades, los discursos y memorias universitarias y una sección dedicada a las necrologías de los miembros universitarios fallecidos en el año anterior. Durante el siglo XIX fue publicada de manera constante y fue aumentando su número de volúmenes de acuerdo con las estrategias de difusión de sus editores, al crecimiento de la actividad de la casa de estudios superiores y al desarrollo de cada una de las áreas sobre las que informaba.

Lo dicho hasta aquí puede darnos una idea de la riqueza contenida en esta publicación y el enorme valor que tiene para nosotros en la actualidad, por cuanto nos permite conocer a través de ella el desarrollo administrativo, cultural y científico del Chile decimonónico. Pero profundicemos un poco más en este punto. A inicios del siglo XIX el conocimiento que se tenía en Chile sobre los más diversos aspectos del territorio y sus habitantes era escaso. La independencia de España y la formación de la República a partir de 1810, trajo consigo un esfuerzo sostenido por conocer, con la mayor exactitud posible, cuáles eran los contenidos concretos de la soberanía alcanzada. ‘Ahora, somos soberanos, pero de qué soberanía estamos hablando’, podría ser un enunciado que resumiera el punto. Resulta más que sabido que un capítulo fundamental de este tema fue la cuestión del establecimiento y defensa de las fronteras entre las diversas naciones emergentes en América, la que en la mayor parte de los casos terminó por resolverse a través de guerras cuyos ecos, en más de una ocasión, siguen escuchándose hasta estos días.

Otro aspecto de la soberanía, es aquél en el cual la Universidad de Chile y su revista estuvieron más involucradas, fue el de la soberanía interior, y por ello es que encargó, recogió y publicó la mayor parte de los trabajos realizados por científicos, abogados, escritores, etc., en los que se describían distintos aspectos del territorio y de quienes vivían en él. Es por esto que en los Anales está contenido lo que se puede denominar “el primer inventario de la nación”, y a través de sus páginas accedemos a la descripción minuciosa del territorio, de la riqueza minera y sus posibilidades de explotación; de la cantidad de lluvias y las estaciones en que precipitaban según cada lugar; del comportamiento del tiempo por períodos largos, los que eran medidos con paciencia infinita por distintas personas en puestos diversos del territorio; de la dirección y volumen de los ríos; de las plantas del suelo y los beneficios que podían obtenerse de cada una; de los animales; del comportamiento del Sol y las estrellas con todos los efectos sobre esta delgada tierra del fin del mundo. En fin, de todo y con detalle. Y entre todos estos quehaceres figuró la descripción de sus habitantes en sus variadas dimensiones.

Malas condiciones en vida en el país motivaron los estudios científicos desarrollados por científicos de la Universidad de Chile.¿Quiénes hacían todo esto? Una primera forma de responder sería diciendo que eran los funcionarios del gobierno y de la universidad. Y esto sería correcto, pero debemos tener en cuenta que eran empleados que iban mucho más allá de los encargos específicos que tenían, cuestión que se puede comprobar en muchos casos, desde aquéllos anónimos hasta los más conocidos, esto es, desde el funcionario que, cumpliendo sus trabajos en una determinada provincia, asumía el empeño de registrar las precipitaciones, hasta Ignacio Domeyko y Rodulfo Philippi, dos científicos que recorrieron el territorio describiéndolo con un rigor que hasta hoy día nos asombra y presta gran utilidad. En el caso de Ignacio Domeyko, sólo por señalar un ejemplo, las expediciones que encabezaba desde la ciudad de La Serena en dirección a los cerros en busca de las vetas minerales, contaban con estudiantes, un guía, unos pocos caballos, algunos burros y unas cuantas herramientas. En más de  alguna ocasión el grupo se perdió afrontando situaciones peligrosas. Nuestra imaginación actual tiende a pensar que una expedición científica cuenta con sofisticados elementos para realizar su trabajo y que los científicos participan con buenas condiciones. Algo muy distinto sucedía durante la mayor parte del siglo XIX, no obstante en este caso, como en otros, los resultados alcanzados fueron sorprendentes.

La revista contenía, originalmente, dos secciones. El Boletín, que contenía actas, decretos, resoluciones, reglamentos, normas e información general, relacionada con la educación, tanto a nivel secundario como superior. Luego estaban las Memorias Científicas y Literarias, que contenían informes y artículos especializados, escritos por los académicos más relevantes del plantel universitario. A medida que la Universidad de Chile fue perdiendo su rol como superintendente de la educación chilena, la sección Boletín fue perdiendo importancia. Los AUCH se convirtieron, según reconocía el mismo Alexander von Humboldt, en una de las publicaciones de carácter científico más serias de Latinoamérica.

Científico chileno preparando vacuna antirrábica.Dentro de los temas que más destacaban en la sección de Memorias Científicas y Literarias se encuentra una serie de informes y artículos sobre la salud de los chilenos que conforman el libro reeditado por la Biblioteca Fundamentos. Su origen hay que buscarlo en los trabajos de la Facultad de Medicina y en el esfuerzo de sus componentes por determinar de qué se enfermaban los chilenos, en qué consistían esas patologías y cómo podían ser afrontadas. Los objetivos generales de esta actividad apuntaban a curar a los enfermos, ir enriqueciendo los diagnósticos y, de manera bastante especial, mejorar las condiciones de higiene, cuyas carencias se consideraban la base de las enfermedades del período.

Abordar el tema de las enfermedades y condiciones sanitarias implicaba relacionarse con aquella parte fundamental del patrimonio de la naciente república chilena como eran sus habitantes. Cualquier proyecto que se ideara o intentara llevar adelante estaría en directa relación con las personas involucradas y los niveles de sanidad. Si el proyecto en cuestión era, tal como parece haberlo sido entre las élites gobernantes del siglo XIX, hacer de Chile una república moderna y relacionada con sus pares en Europa, entonces todo lo relacionado con estos temas adquiría una gran importancia, al menos en el discurso. Desde este punto de vista, toda la cuestión puede ser vista como el esfuerzo desplegado en la construcción de un cuerpo sano, joven como la república y bien dispuesto para el trabajo.

 
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