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La planificación urbana de Chile (1541-1979)
La confluencia de actividades económicas, políticas y sociales en los centros urbanos, los convierte en polos de atracción, lo que se traduce a que hoy en día el 86,6% de la población nacional viva en la ciudad. Sin embargo, el centralismo y  la concentración en zonas determinadas del país, ha generado importantes desequilibrios a nivel regional, además de la agudización de los problemas relativos a la estructura interna de las grandes ciudades.
 
 El proceso de urbanización chilena, al igual que el del resto de Latinoamérica, se inició en el siglo XVI. Con la llegada de los españoles, la población indígena fue generalmente desplazada de sus lugares de origen, para facilitar la evangelización y su explotación como mano de obra. Los naturales fueron reubicados en reducciones conocidas como “pueblos de indios”, los que mantuvieron sus características hasta fines de la Colonia, llegando muchos de ellos a convertirse en importantes villas; como fue el caso de Copiapó, Huasco, o Quillota.

La fundación de ciudades se caracterizó por presentar una fuerte carga simbólica, en la medida que las urbes se constituyeron como ejemplo, emblema y paradigma tanto de la colonización en particular, como de la civilización en general.

El esquema urbano desplegado en Chile fue el mismo que se utilizó en toda América: la Plaza Mayor como centro y, en torno a ella, los edificios públicos más importantes, como la Iglesia y la sede de gobierno, además de las viviendas de los vecinos más destacados. Santiago del Nuevo Extremo, capital de la Capitanía General de Chile, fue fundado de acuerdo a este modelo, en 1541.
 

Fundación de Santiago
La primera ciudad que Pedro de Valdivia fundó fue  Santiago del Nuevo Extremo el 12 de febrero de 1541, en honor al Apóstol Santiago y en nombre del Rey Carlos I de España. El objetivo de esta ciudad era convertirla en el centro desde donde se dirigiría la conquista de Chile. La edificación de la ciudad fue encargada al alarife Pedro de Gamboa, quien siguió el mismo modelo que se había utilizado en la construcción en las otras ciudades de América, modelo que se repitió en el resto de las ciudades de Chile.
La edificación de la ciudad comenzó con la elección del lugar más apropiado para que ésta se emplazara. Se prefirió la ladera oeste del cerro Huelen, lugar estratégico pues permitía vigilar una vasta zona y estar alerta en caso de un ataque indígena, los cuales fueron constantes en los primeros años; y el costado sur del río Mapocho, entre éste y uno de sus brazos secos, que se convirtió en la Cañada, la actual Alameda.
En el espacio designado se estructuraron 138 manzanas separadas por calles de 12 varas. La Plaza Mayor se consideró el centro y en ella se ubicaron los edificios más importantes como la Iglesia,  la sede del gobierno local, otras oficinas administrativas y la residencia de Pedro de Valdivia en uno de sus costados. Los solares que colindaban con la Plaza fueron entregados a los principales vecinos. La construcción de edificios se realizó con materiales de la zona, paja, madera y adobes y en el caso de iglesias se utilizaba piedra. 
 


Durante la Colonia se produjeron dos importantes corrientes fundacionales. La primera tuvo lugar el siglo XVI, y respondió a la necesidad de los europeos por establecerse y realizar desde las ciudades la conquista de los territorios. Santiago fue la primera, seguida por muchas otras como Valparaíso y La Serena, que buscaban facilitar el contacto con la capital del virreinato del Perú. Luego se levantaron ciudades y fuertes en la frontera sur -como Concepción (1550), Valdivia (1552), La Imperial (1552), Osorno (1558), Castro (1567) y Chillán (1580)- desde donde se mantenía la Guerra de Arauco.
 

Las ciudades de la Colonia

Las distintas ciudades que se fundaron en Chile durante la Colonia tienen características comunes por haber sido creadas bajo un mismo modelo. Pero aún así se diferencian por las funciones políticas o económicas que cumplen. 

 




 


Un segundo ciclo fundacional se produjo en el siglo XVIII a consecuencia de las reformas administrativas Borbónicas, que buscaron fomentar la vida urbana para alcanzar un mayor control sobre la ciudadanía y facilitar la recaudación de impuestos. La Corona, a modo de incentivo, entregó beneficios políticos a quienes vivieran dentro del límite urbano y obedecieran las normas establecidas. En este contexto se enmarca la fundación de ciudades principalmente en la zona central del país, que además respondió al aumento de la población y la importancia económica que adquirió la agricultura.

El fomento y preocupación por la vida urbana también se manifestó en la construcción y mejoramiento de edificios. Durante toda la Colonia, la planificación urbana se desarrolló por instinto, siguiendo modelos medievales y demostrando una fuerte influencia religiosa y escasa participación de técnicos especializados. Sin embargo, a fines del siglo XVIII se  difundió una preocupación por el embellecimiento urbano, destacando la llegada a Chile del arquitecto italiano Joaquín Toesca, a quién se le encargó la remodelación de la Catedral de Santiago, la construcción de la Casa de Moneda y los tajamares del río Mapocho entre otras obras públicas de magnitud.

Luego de la Independencia, la minería -ubicada fundamentalmente en la zona norte¬¬-estimuló tanto la ocupación como la urbanización del territorio nacional al atraer población y capitales a la zona. Este fenómeno cobró un empuje especial luego de la incorporación de las regiones salitreras de Tarapacá y Antofagasta, tras la Guerra del Pacífico (1879-1884).

Asentamientos urbanos de la minería del cobre: Sewell
A comienzos del siglo XX la llegada de grandes capitales norteamericanos a la minería del cobre en Chile, significó el desarrollo de explotaciones industriales mineras de enormes proporciones. Fue necesario diseñar asentamientos cercanos para los empleados, obreros y los familiares de éstos, que con el desarrollo de la gran minería del cobre, podían llegar a miles de personas. El modelo utilizado fue el llamado “company town”, desarrollado en Europa a partir de la revolución industrial, en el que convivían fábrica, casas, lugares de diversión, iglesia, etc, todo en un mismo espacio diseñado para articular bienestar y vigilancia, paternalismo y control social, apuntando a asegurar la fidelidad del obrero a la fábrica.
En Chile estos asentamientos desarrollaron un urbanismo que debió abordar la problemática de la asociación de residencia y centro productivo, y el asentamiento en nuevos territorios explotables industrialmente alejados generalmente de los centros urbanos tradicionales. Plantearon así nuevas fórmulas de diseño urbano e interesantes soluciones habitacionales que renovaron las formas urbanas y contribuyeron a la formulación de la vivienda social, innovando en materiales y técnicas constructivas.
 Sewell fue el primer asentamiento de la gran minería del cobre, fundada por Braden Copper Company en 1905. En esta ciudad se planteó tempranamente la idea de un campamento minero contiguo a las instalaciones industriales dotado de muy buen equipamiento y servicios, cuya arquitectura estuvo en la vanguardia de la innovación en construcción. En la década de 1960, época de su mayor apogeo, Sewell llegó a albergar a 15.000 habitantes en 175.000 m2 construidos. Su campamento fue abandonado en 1969 y declarado sitio del Patrimonio Mundial UNESCO en el 2006.
Otros destacados asentamientos de la minería del cobre fueron Chuquicamata (fundada en 1915), Potrerillos (1919) y El Salvador (1959). 


La incorporación del territorio mapuche de la Araucanía, el desarrollo urbano en el norte y el crecimiento progresivo de la capital, a causa de la concentración de actividades comerciales y financieras, hizo necesaria la comunicación de las diferentes áreas geográficas. Dicha conexión -realizada mediante caminos y líneas férreas- evidenció el incipiente centralismo, que caracterizó el desarrollo urbano de Chile en el siglo XX.

Santiago experimentó una primera gran transformación hacia fines del siglo XIX, producto de los planes de Benjamín Vicuña Mackena, quién considerando tanto la historia como la identidad nacional, proyectó un plan urbano modernizador. Éste implicó grandes cambios destinados a mejorar la salubridad, la ecología, la sociabilidad, la educación, la seguridad y la belleza de la ciudad. Sus obras más destacadas fueron el Camino Cintura, la canalización del Mapocho y el paseo público del Cerro Santa Lucía.

Benjamín Vicuña Mackenna: Álbum del Cerro Santa Lucía
Durante su desempeño como intendente de Santiago entre los años 1872 y 1875 Benjamín Vicuña Mackenna pudo materializar muchas de las obras que había propuesto años atrás con las que esperaba transformar radicalmente la capital. Entre éstas se cuentan el Camino de Cintura y la apertura de varias calles, la creación de nuevas plazas (como la actual plaza Baquedano), la terminación del Mercado Central, la creación de nuevos barrios, la canalización del Mapocho, la creación de escuelas y el aumento de la policía. En el paseo público del cerro Santa Lucía se materializa la perspectiva ecológica de Vicuña Mackenna, para quien fue muy importante la arborización de calles y la creación de jardines públicos en la ciudad privilegiando las variedades de flora autóctona; a la vez que se aprecia su preocupación por la sociabilidad de los santiaguinos. La construcción de este paseo  comenzó en junio de 1872, con 60 presidiarios como trabajadores, y culminó en septiembre de 1974

Benjamín Vicuña Mackenna
Álbum del Santa Lucía: colección de las principales vistas monumentos, jardines, estatuas i obras de arte de este paseo. Santiago: Impr. de la Libr. del Mercurio, 1874.
 


En el siglo XX, destacaron los núcleos de poblamiento surgidos en función de la explotación industrial de la minería del cobre por capitales norteamericanos. Además - después del terremoto de Talca de 1928- se hizo patente la necesidad de legislar sobre la construcción y el ordenamiento espacial urbano, para prevenir los desastres y guiar la reconstrucción de las ciudades en un país evidentemente sísmico. De esta manera, se promulga la primera ley de conjunto sobre Urbanismo y Construcciones que tuvo Chile, bajo el gobierno de Carlos Ibáñez del Campo, quién mostró una especial preocupación por la planificación urbana del país. Por esta misma época, se creó el Instituto de Urbanismo de Chile en función tanto con el movimiento intelectual y cultural que se estaba generando en torno a la disciplina, como a los primeros rasgos de metropolización de la ciudad de Santiago, que alcanzaba por esos años los 500.000 habitantes.

Un actor fundamental de esta “revolución urbanística” fue el Dr. Karl Brunner, ingeniero y urbanista austríaco -que permaneció en Chile entre los años  1929 y 1934- y que contribuyó a la urbanización de Santiago a través de un plan intercomunal cuya regulación urbana se constituyó en un modelo para Chile.

Karl Brunner, Santiago de Chile. Su estado actual y su futura formación (1932)
El ingeniero austriaco Karl Brunner fue invitado a Chile para desempeñarse como asesor del gobierno en lo que refiere al trazado, construcción e higienización urbana, incorporándose al recién fundado Departamento de Arquitectura de la Dirección General de Obras Públicas.
Su desempeño en Chile, en su labor de urbanista y de docente, Brunner presentó un urbanismo que consideraba las dimensiones culturales, estéticas e ingenieriles. En sus proyectos para la ciudad de Santiago propuso privilegiar la unidad estética colectiva y zonificar el desarrollo urbano, buscando el más armónico y racional emplazamiento para barrios cívicos, comerciales, residenciales e industriales. Lamentablemente el plan regulador de Brunner no dio los resultados esperados, ya que generó gran especulación sobre el valor de los suelos; sin embargo, sus planes permitieron percibir a Santiago como un espacio intercomunal e integral llamado Gran Santiago y  advirtió además acerca de los peligros de expandir el área urbana de la capital.
Parte de su proyecto para la capital quedó expresado en su libro Santiago de Chile. Su estado actual y su futura formación, publicado en 1932. a continuación se presentan partes de su introducción en donde analiza algunos de los problemas junto con sus posibles soluciones.


En la década de 1950, el crecimiento demográfico trajo consigo una serie de problemas que fueron estudiados por los urbanistas de la época; quienes previeron los grandes inconvenientes que significarían más tarde la contaminación y la violencia que entonces germinaban.

El crecimiento poblacional de Santiago llegaba al preocupante nivel de 4% anual; pasando de 696.231 habitantes en 1930 a 1.384.285 en 1951, a lo que se le sumaba la corriente migratoria campo-ciudad, producida por el predominio de actividades económicas secundarias y terciarias en la urbe (más del 60% de la actividad industrial y comercial del país se localizaba en Santiago), lo que empeoraba la situación. Este fenómeno tuvo como resultado el surgimiento de las “poblaciones callampa”; la centralización de las riquezas y de la actividad cultural; la acentuación de la marginalidad; la excesiva concentración de población y la gran extensión del área metropolitana.

Al mismo tiempo, se carecía de instancias  administrativas que permitieran aplicar articuladamente políticas públicas y planes generales al conjunto de las comunas. Un importante paso hacia la solución se este problema fue la Ley General de Construcciones y Urbanización de 1953, que estableció la Planificación Regional, Micro-regional y Metropolitana (Intercomunal).

El trabajo de los urbanistas a partir de este nuevo marco legal dio como resultado el Plan Regulador Intercomunal de Santiago, abocado a controlar y orientar el crecimiento urbano a través de la coordinación entre las comunas, siendo uno de sus principales objetivos la descentralización. En éste se definieron las áreas Intercomunal Urbana y Sub-urbana, se articuló la Estructura Vial Intercomunal, se hizo un plan de zonificación del uso del suelo y se favoreció la creación de amplias áreas verdes, tanto rurales como urbanas.

En 1979 se hizo la mayor modificación al Plan Regulador Intercomunal de Santiago que buscaba establecer un sistema adaptativo que sometiera el desarrollo del asentamiento humano a las variaciones del mercado del suelo, primando la liberalización de la expansión urbana. Ante los desajustes que provocaba este sistema y luego del terremoto de 1985, se buscó revitalizar en el urbanismo la preocupación por el bien común en el desarrollo de la  estructura de la ciudad, a través de conceptos como calidad de vida urbana, medioambiente y conservación del patrimonio arquitectónico.
 
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