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Hurtado Cruchaga, Alberto (1901-1952)
Alberto Hurtado Cruchaga“Si Cristo descendiese esta noche caldeada de emoción les repetiría, mirando la ciudad oscura: ‘Me compadezco de ella’, y volviéndose a ustedes les diría con ternura infinita: ‘Ustedes son la luz del mundo... Ustedes son los que deben alumbrar estas tinieblas. ¿Quieren colaborar conmigo? ¿Quieren ser mis apóstoles?’”

(Una palabra al lector, discurso pronunciado ante los jóvenes de la Acción Católica en 1942).


1. Niñez y juventud universitaria (1901-1923)

Alberto Hurtado Cruchaga, autor de ¿Es Chile un país católico? , nació en Viña del Mar (Chile), el 22 de enero de 1901, en el seno de una familia tradicional de la sociedad chilena. Pasó su niñez en el campo, con su familia, hasta la muerte de su padre, en 1905, lo que le acarreará serias dificultades económicas y la necesidad de trasladarse a Santiago. En 1909 ingresó al colegio San Ignacio, donde estudió entre 1911 y 1917. Desde el año 1916 entró en contacto y tomó como director espiritual al padre Fernando Vives S.J., se destacó como alumno, participó en la Academia Literaria y trabajó en el patronato de la parroquia Andacollo, junto a su gran amigo Manuel Larraín. Tanto en 1916 como en 1917, pidió formalmente entrar en la Compañía de Jesús, petición que no es acogida debido a su corta edad y a los problemas económicos de su familia.

En 1918 comenzó sus estudios de Derecho en la Universidad Católica. El padre Vives abandona el país y Alberto Hurtado toma como director espiritual al rector, monseñor Carlos Casanueva, y luego al padre Damián Symon. De todos modos, por carta, sigue vinculado al padre Vives. Continúa con su idea de entrar en la Compañía de Jesús. Trabaja en el Partido Conservador y comienza a escribir en Efemérides Marianas, hace el servicio militar, y participa en el Círculo de Estudios León XIII, con el padre Fernández Pradel, y en la Sociedad San Vicente de Paul.
 

Testamento

“Al partir, volviendo a mi Padre Dios, me permito confiarles un último anhelo: A medida que aparezcan las necesidades y dolores de los pobres, busquen cómo ayudarlos como se ayudaría al Maestro. Al darles a todos y a cada uno en particular este saludo, les confío, en nombre de Dios, a los pobrecitos”.
(Carta dictada pocos días ante de su muerte, en agosto de 1952).
 


 


 En 1921 y 1923 redacta sus memorias de grado en temas de derecho laboral, es decir, enfrenta desde su propia carrera universitaria los problemas de la pobreza que conocía de modo directo en su trabajo en los patronatos. De este modo, ya desde su época de estudiante muestra que para resolver los problemas sociales no basta la buena voluntad, es necesaria una seria reflexión académica, principio que inculcó a los universitarios de su época y que sigue siendo válido hasta hoy. En junio de 1923, una vez recibido de abogado en la Universidad Católica, se arreglan sus problemas económicos, e ingresa al noviciado de la Compañía de Jesús en Chillán.


2. Formación en la Compañía de Jesús (1923-1935)

Durante el noviciado y juniorado, primero en Chillán y luego en Córdoba (1923-1927), estudia las Humanidades y realiza sus votos religiosos. Durante esos años, se destaca por su entrega en el servicio pastoral de un barrio particularmente pobre de Córdoba, llamado el barrio de los perros. Se forma espiritualmente y crece en su devoción a María Santísima. Posteriormente, entre 1927 y 1931, estudia la filosofía en Sarriá (Barcelona) y, por las dificultades político-sociales de España y la persecución religiosa, es trasladado a Lovaina para continuar con la Teología, donde encuentra un ambiente intelectual mucho más abierto y estimulante. Es el ambiente teológico que preparaba la celebración del Concilio Vaticano II. Desde 1931 hasta 1935 permanece en Lovaina, concluye la Teología y realiza el doctorado en Pedagogía con la tesis Le système pédagogique de Dewey devant les exigences de la doctrine catholique. En agosto de 1933, es ordenado sacerdote. Por petición del rector de la Universidad Católica de Chile, en 1934, ayuda a fundar la Facultad de Teología. Antes de regresar a Santiago, realiza un viaje por Europa para estudiar instituciones educacionales y adquirir los libros de pedagogía más recientes, para hacer una exposición en Santiago.


3. Apostolado pedagógico (1936-1940)

Durante la primera etapa de su ministerio sacerdotal en Chile, está principalmente dedicado al apostolado pedagógico, a los Ejercicios Espirituales y a la promoción de vocaciones sacerdotales. Es director de la Congregación Mariana de los alumnos mayores y asesor del grupo de Acción Católica del colegio (desde 1938). Enseña Apologética en el colegio San Ignacio, da clases de Sicología Pedagógica en la Universidad Católica y en el seminario Pontificio de Santiago (hasta 1939). En 1937, muere su madre.

La orientación pedagógica de su apostolado se refleja en sus publicaciones. Durante los años 1936 y 1937 publicó, en La Revista Católica y en la revista Estudios, una amplia serie de artículos sobre los temas de Sicología Pedagógica que enseñaba en el seminario y en la Universidad Católica. En estos años redacta tres breves libros: uno sobre la falta de vocaciones sacerdotales, La crisis sacerdotal en Chile y otros dos sobre pedagogía de la afectividad: La vida afectiva en la adolescencia y La crisis de la pubertad y la educación de la castidad.

La crisis sacerdotal en Chile

En 1936, publicó La crisis sacerdotal en Chile, un opúsculo de veintinueve páginas sobre la escasez de sacerdotes. Este breve libro contiene datos estadísticos sobre el número de sacerdotes en Chile y, junto con sus cartas, en especial con el padre Raúl Montes, refleja su gran trabajo y preocupación por las vocaciones sacerdotales; preocupación que será una constante a lo largo de toda su vida.

El libro busca crear conciencia social respecto de la falta de sacerdotes en Chile. Por medio de comparaciones con otros países u otras épocas, Alberto Hurtado muestra la gravedad de la escasez de sacerdotes. Se destaca la franqueza para señalar las deficiencias del catolicismo en Chile: la falta de un catolicismo integral, la pobreza de las obras católicas, la falta de atención a los obreros, a los universitarios, etc. Por otra parte, se manifiesta también su confianza en los grupos de selección, especialmente entre los jóvenes. El texto concluye con un llamado a la acción de todos los católicos.

Este libro manifiesta el gran valor que el padre Alberto Hurtado atribuye al sacerdocioministerial, de hecho afirma que sin la colaboración de los sacerdotes, los problemas espirituales y materiales de Chile no tendrán solución. Se manifiesta aquí la estrecha vinculación que sostiene entre las realidades espirituales y materiales, por ello puede afirmar que la falta de sacerdotes es un problema social para el país.

Llama la atención la confianza en las estadísticas y en las cifras que, según su expresión, “dicen la verdad con un lenguaje que no puede ser discutido”. El conocimiento de los métodos empíricos y su confianza en las estadísticas, adquiridos en su doctorado en pedagogía, en Lovaina, lo habían preparado para investigaciones de esta naturaleza, incipientes en el ambiente eclesiástico de la primera mitad del siglo XX , más habituado a los métodos deductivos. Este pequeño libro debió ser un estímulo para continuar su investigación acerca de la realidad religiosa chilena. La valoración de las cifras y la conciencia de las debilidades del catolicismo en Chile lo impulsarán, pocos años después, a escribir una obra más relevante, su célebre libro ¿Es Chile un país católico?, cuyos antecedentes, como se verá más abajo, ya se encuentran en esta obra de 1936.

Desarrollo y dificultades de su actividad pastoral

En cuanto a sus actividades pastorales, otorga mucha importancia a los retiros espirituales, que predica frecuentemente a jóvenes de colegio y universitarios, también a caballeros, a señoras, a jesuitas (1937 y 1940), a profesores de la Universidad Católica (1940), a los sacerdotes de Santiago (1937), a los de Concepción (1938), a los de Temuco (1939) y a la Conferencia Episcopal (1940). Además, desde 1936, junto a otros jesuitas, trabaja pastoralmente en la población obrera Buzeta, donde edifica la iglesia y el teatro. En agosto de 1938, es nombrado miembro de la comisión del Ministerio de Educación para revisar programas secundarios. Este nombramiento implica el reconocimiento, por parte del gobierno, del aporte al país que podía significar su visión pedagógica. De hecho, él es uno de los primeros chilenos en recibir el doctorado en Pedagogía.

Fruto de su trabajo en la Comisión de Gobierno para esta reforma educacional son algunos escritos que aquí publicamos en el apéndice, donde critica fuertemente la educación chilena de su época. Por sobre la pura transmisión de conocimientos, el padre Hurtado propone una formación que priorice al aprendizaje de hábitos, el desarrollo de habilidades y, lo más importante para él, la formación de la voluntad de los jóvenes.

En otros ámbitos de su ministerio, consigue abundantes fondos y edifica el Nuevo noviciado de Marruecos (hoy, Padre Hurtado). En esta época, debió ser conocido sobre todo por su interés por las vocaciones: en una semana de estudios sobre las encíclicas, organizada por la Asociación Nacional de Estudiantes Católicos
(ANEC), le confiaron la del sacerdocio.

Durante este período recibe las primeras críticas en diversos ámbitos. A fines del año 1936, el visitador de la Compañía de Jesús, el padre Camilo Crivelli envía malos informes sobre el padre Hurtado a la Curia General de la Compañía, por profesar –según él– ideales que no estaban de acuerdo con el espíritu jesuita. En 1938, el padre Crivelli le comunicó este mismo juicio al padre Juan Bautista Janssens, futuro general de la Compañía de Jesús, quien lo consideró una exageración.

En septiembre de 1938 enfrenta críticas por la orientación de la enseñanza del colegio San Ignacio, por parte de Carlos Aldunate. Además, al menos desde 1939, es criticado por favorecer –supuestamente– el desarrollo de la Falange Nacional, en desmedro del Partido Conservador.


4. Asesor de la Acción Católica (1941-1944)

En 1941, es nombrado Asesor diocesano y luego nacional, de la Juventud Masculina de la Acción Católica. Predica muchas tandas de Ejercicios Espirituales a jóvenes y sacerdotes, realiza un intenso trabajo por las vocaciones sacerdotales y es director de la Congregación Mariana de caballeros. Continuó con sus clases en el colegio y en la Universidad Católica. Escribe frecuentemente en El Diario Ilustrado, habla por radio, organiza la Casa de Ejercicios de Loyola y dicta conferencias referidas a la familia y al hogar.

El ambiente político-religioso de estos años estaba marcado por la escisión de la Falange Nacional del Partido Conservador, ocurrida en 1938. Con ella se había roto la unión de los católicos en política. Algunos conservadores hicieron todo lo posible para que la jerarquía interviniese de modo que el Partido Conservador fuera oficialmente reconocido como el único partido católico y, por tanto, condenase la Falange. Sin embargo, lo que se obtuvo de la Santa Sede fue la famosa carta del cardenal Pacelli, el futuro papa Pío XII, que declara la libertad de los católicos para militar en cualquier partido que respete la doctrina y la libertad de la Iglesia.

¿Es Chile un país católico?

En abril de 1941, publica ¿Es Chile un país católico? Este libro apareció poco tiempo antes del Congreso Eucarístico Nacional de 1941, celebrado por la Iglesia chilena a raíz del IV centenario de la fundación de Santiago, entre el 6 y el 9 noviembre.

El título de la obra es ya una declaración de la audacia, honestidad, franqueza y realismo. Alberto Hurtado se atreve a preguntarse lo que casi todos, en esa época, consideraban un dato bien establecido, a saber, que Chile era un país católico, sobre todo cuando el país se preparaba para celebrar el Congreso Eucarístico Nacional, un gran acontecimiento, que entusiasmó a los católicos a salir a las calles y demostrar públicamente su fe.

En cuanto a su contenido, ¿Es Chile un país católico?, comienza con una visión general del catolicismo actual, con atención a los problemas como el avance de la moral pagana, la apostasía de las masas, etc., algunos desafíos, como la evangelización de los obreros, y algunos aspectos del renacimiento católico: las conversiones, y el movimiento misional, litúrgico, bíblico y eucarístico. Pone particular énfasis en la vida interior del catolicismo. Luego, pasa a revisar “las miserias de nuestro pueblo”, es decir, los problemas sociales de vivienda, analfabetismo, alcoholismo, mortalidad infantil y el alejamiento de la Iglesia que se percibe en el pueblo. En el tercer capítulo, aborda la vida cristiana en Chile, pasando por sus diversos aspectos, y cuya conclusión es una falta de cristianismo integral en nuestra patria. En el capítulo siguiente, expone el avance del protestantismo en Chile, destacando, al final, lo que la Iglesia Católica debe aprender de la campaña protestante. El capítulo v lo titula “El más grave de los problemas” y trata de la escasez de sacerdotes en Chile y sus consecuencias. Finalmente, los últimos capítulos están consagrados al porvenir de la Iglesia chilena y al protagonismo de la Acción Católica en la restauración cristiana de Chile.

Llama la atención la libertad y la franqueza del padre Hurtado para tratar los problemas del cristianismo en Chile y, a la vez, el optimismo que brota de su espíritu de fe y de confianza en la acción de Dios, aún después de haber entrado muy dentro de los problemas (evita, de este modo, un optimismo ingenuo o mal fundado). Tal vez lo más característico, en cuanto al contenido del libro, son tres elementos. El primero es que en una obra sobre el catolicismo en Chile se aborden los problemas sociales del país, como la falta de viviendas, la mortalidad infantil, los problemas económicos, etc. El segundo es la relevancia que le adjudica al sacerdocio en la vitalidad del cristianismo en Chile, llamando a la escasez de sacerdotes “el más grave de los problemas”. Y el tercer elemento es el protagonismo que Alberto Hurtado le otorga a la Acción Católica en la solución de la crisis de cristianismo integral en Chile.

El libro, como era previsible, provocó intensas reacciones. Así lo demuestran, por un lado, la formal tarjeta de monseñor Alfredo Silva Santiago, arzobispo de Concepción, la severa y extensa carta de monseñor Alfredo Cifuentes, obispo de Antofagasta, que en trece páginas le expone todas sus objeciones y, por otro lado, la cariñosa carta de monseñor Pedro Giacomini, vicario de Magallanes, que afirma que ha leído el libro “de un tirón”, pues era la obra que él esperaba. Así también, por una parte, los jóvenes de la Acción Católica lo recibieron con entusiasmo, mientras otros sectores de la Iglesia lo criticaron. Esto refleja las tensiones que se vivían al interior de la Iglesia. Sin embargo, el libro fue ampliamente utilizado a lo largo de Chile para el apostolado de numerosos sacerdotes y religiosos. El padre Hurtado defiende la catolicidad de su libro subrayando que las ideas centrales están tomadas de las pastorales del Episcopado chileno y de diversos autores católicos.

Aparte de las reacciones privadas, presentes en las cartas recibidas por el padre Hurtado, se generó una polémica pública, constituida por cinco artículos publicados en El Diario Ilustrado firmados por L.R.Z. (seudónimo del padre Miguel Alvear Fritz, de Concepción), que atacaban el libro, y tres que lo defendían: dos de monseñor Larraín y uno del padre Gustavo Weigel, decano de la Facultad de Teología. Alberto Hurtado se abstuvo de participar en esta controversia pública.

Las críticas, las públicas y las privadas, apuntaban en la misma línea: el libro era de un pesimismo tal, que representaba un riesgo para el ánimo de los fieles –especialmente el de los jóvenes a quienes estaba dirigido–, y un desconocimiento de la labor que la Iglesia había hecho en el pasado. Las defensas públicas, en cambio, insistían en que el autor no mostraba pesimismo, sino valentía en revelar la dura realidad y llamar a los católicos a encarnar más seriamente las enseñanzas de la Iglesia, buscando remediar el presente para mejorar el futuro. Mostraban, al igual que la defensa en cartas privadas del padre Hurtado, que las ideas del libro se basaban en las propias cartas pastorales del Episcopado chileno26, y más aún, que su forma no difería en nada de la gran tradición de la Iglesia. La controversia sobrepasó los límites de la Iglesia y se extendió hasta el ambiente masón, que utilizó algunas afirmaciones del libro para mostrar la crisis de la fe religiosa y para insistir que Chile ya no era un país católico.

El padre Hurtado sostuvo su tesis que la mayoría de los chilenos eran católicos, sin embargo faltaba vivir el cristianismo de modo más coherente. Para ello, era urgente solucionar el problema de la escasez de sacerdotes, pues sin ellos, la formación religiosa no podría llegar al pueblo. En este sentido, la Acción Católica estaba llamada a reconquistar Chile para Cristo, y el libro se constituía en “un enérgico llamado a la acción”.

Esta obra tuvo una gran repercusión en la conciencia nacional, y significó un cambio importante en el modo como muchos chilenos comenzaron a ver la identidad religiosa y social de Chile. Ya no bastaba repetir como un dato adquirido que Chile era un país católico, era necesario examinar la amplitud del catolicismo nacional; y, por otra parte, la profundidad del catolicismo en Chile ya no podía estudiarse sin hacer referencia a la realidad social del país. Estas observaciones indican un tema de vital importancia: la mutua relación entre convicciones religiosas y vida social. La identidad religiosa es un elemento muy importante para la comprensión de una sociedad. Así lo demuestran los estudios que, aún viniendo de instituciones no vinculadas a la Iglesia, se interesan por comprender la religiosidad como fenómeno humano. Por ejemplo, la amplitud que el Informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) de 2002 le concede a los temas de identidad religiosa muestra la relevancia social de ésta.

Trabajo como asesor de la Acción Católica de jóvenes

Como asesor nacional de la Juventud Católica Masculina, Alberto Hurtado desarrolla un intenso y fecundo apostolado entre los jóvenes. Es el tiempo de las grandes procesiones de antorchas a los pies de la imagen de María Santísima, en el cerro San Cristóbal, con miles de jóvenes.

Recorre el país organizando los grupos y predicando retiros. Su trabajo no está dirigido sólo a los jóvenes, sino que es más amplio, y dedica especial preocupación a los sacerdotes y a los temas relacionados con la familia. Un recorrido por algunas de sus actividades permite hacerse una idea de la intensidad de su apostolado durante estos años.

En 1941, predica un retiro a los sacerdotes de la Arquidiócesis de Santiago y al clero de Valdivia. Participa también en la Semana Familiar, organizada por el Consejo Nacional de Mujeres de la Acción Católica, oportunidad en que habló sobre la formación de la visión religiosa en la vida del educando. Predica retiros a diversos grupos de universitarios y presta especial atención a los alumnos de los liceos fiscales.

El año 1942 comienza con un viaje al sur y otro al norte del país. En enero, viaja a Ancud y a Temuco, donde fortalece los centros de la Acción Católica y predica al clero. Los ejercicios espirituales predicados al clero de Temuco están muy relacionados con los ideales de la Acción Católica. Una de sus meditaciones más vibrantes es “La misión del apóstol”, que insiste en la necesidad de la colaboración humana en la obra de la evangelización. Sitúa la vida sacerdotal en la perspectiva de la eternidad y se pregunta: “¿Podré permanecer inactivo cuando mi acción o inacción tiene un alcance eterno para tantas almas?”. Esta perspectiva otorga una relevancia, un dramatismo y una seriedad insospechados a la acción del apóstol.

En febrero, vuela a Antofagasta y a Iquique, y regresa, pasando por La Serena, animando los grupos de Acción Católica de muchas ciudades y pueblos. Una carta muestra la intensidad y la naturaleza del trabajo realizado en estas giras.

No es necesario destacar la intensidad y seriedad del trabajo, los datos están a la vista. Esta gira cuenta con bastante cobertura de la prensa local y abundante uso de la radio. En marzo del mismo año, se inaugura la nueva sede de la Juventud Masculina de la Acción Católica, ubicada en la calle Ejército 3. Los temas de sus conferencias giran en torno a la formación de la juventud, en julio publica Puntos de educación, un libro preparado para servir de guía en los círculos de estudio de la Acción Católica y trabaja en la promoción y desarrollo del Congreso Nacional de la Juventud Católica, celebrado en Valparaíso, en el mes de octubre. El año se cierra con el Congreso Mariano de los jóvenes de la Acción Católica, realizado en diciembre.

El año 1943 comienza con la predicación de ejercicios espirituales al clero de Puerto Montt. Luego viaja hasta Punta Arenas, donde tiene una nutrida agenda de celebraciones de la misa, conferencias, visitas y reuniones. Los temas que trata se centran en cuestiones de educación y moral familiar y social. Su visita es muy seguida por la prensa local y tiene un gran impacto en la zona.

Ya de regreso a Santiago, retoma sus actividades habituales: clases en el colegio San Ignacio, en la Universidad Católica, dirección espiritual, trabajo vocacional, conferencias, predicación de retiros y conducción de la Acción Católica. En julio y septiembre, viaja a Antofagasta, donde habla de la crisis de la posguerra. En agosto, publica Cine y moral y el día 15 del mismo mes, día del joven católico, realiza la gran concentración de jóvenes de la Acción Católica en el teatro Caupolicán de Santiago.

El año 1944 continúa sus clases en el San Ignacio, en la Universidad Católica, la dirección espiritual, el trabajo vocacional, las conferencias, la predicación de retiros y la conducción de la Acción Católica. Los temas sociales están más presentes en su predicación, con particular referencia al dogma del Cuerpo Místico de Cristo, que destaca la unidad de todos los hombres en la persona de Jesucristo. Particular mención merece la celebración del día del joven católico, el 15 de agosto, en Chillán. Este último año como asesor nacional de la Acción Católica estará marcado por las crecientes tensiones con monseñor Salinas, que lo llevarán a renunciar a su cargo, y por el encuentro con Cristo en la persona de los pobres, que dará como fruto el Hogar de Cristo.


5. Hogar de Cristo y formación social (1944-1947)

El año 1944 fue muy significativo en el desarrollo de las ideas sociales del padre Hurtado. A partir de este año, en sus manuscritos, se encuentran descripciones muy vívidas de los dolores humanos, particularmente de la guerra, de los trabajos duros y de la pobreza, y una gran insistencia en que el cristiano debe experimentar los dolores ajenos como si fueran propios, a la luz del dogma del Cuerpo Místico de Cristo39. La novedad que aporta no es el contenido del dogma, sino sus consecuencias para la vida cristiana. De hecho, afirmará: “Utilísimo sería que esta doctrina [del Cuerpo Místico] fuera estudiada a fondo en todas sus consecuencias y en todas sus aplicaciones”. Esta doctrina desplegará nuevas consecuencias, a partir de los dos decisivos encuentros que experimentó como encuentros con Cristo mismo.

El 22 de octubre de 1944, el padre Hurtado publicó en El Mercurio y en El Imparcial una columna en que llamaba a realizar una obra “para los que no tienen techo”. Este documento describe las circunstancias de la fundación del Hogar de Cristo. En esta breve columna, recuerda que en Chile, por esos años, faltaban cuarenta mil viviendas, destaca la precariedad de muchas viviendas y describe, con mucha fuerza, la situación de aquellos que viven en la calle. Luego recuerda dos casos muy significativos: el de “una pobre mujer recogida en una casa caritativa cuando caía víctima de inanición” y el de “un pobre hombre con una amigdalitis aguda tiritando en mangas de camisa, que no tenía donde guarecerse”. Luego se lamenta que la Iglesia Católica no cuente con un lugar dónde enviar a las personas que se encuentran en esta situación, pues sólo está el hogar del Ejército de Salvación.

El encuentro con el pobre hombre con amigdalitis es el que se produce durante los días que predicaba un retiro a señoras en el Apostolado Popular, y es el antecedente inmediato de la inspiración de fundar el Hogar de Cristo. A partir de otros testimonios, se deduce la fecha de este decisivo encuentro: el 18 de octubre, a media noche, en las puertas de la iglesia de San Ignacio.

Los datos aportados por las fuentes permiten percibir la vehemencia con que la idea de fundar un hogar para indigentes se apoderó de Alberto Hurtado. Las Actas del Consejo Nacional de la Acción Católica del 20 de octubre de 1944, es decir, pocas horas después de la inspiración de fundar el Hogar, registran que, en esa reunión, dijo que lo había “asaltado” la idea de fundar un “Albergue católico para indigentes”, idea que “se le ocurrió” durante un retiro. Asimismo, en la columna del 22 de octubre de 1944, afirma: la idea de formar un hogar para los pobres “me ha golpeado más fuerte, en forma imprevista”. En una prédica del mes de María de 1946 recordó que el Hogar de Cristo nació “en una inspiración de fe, bajo la Virgen”. Y, finalmente, en un artículo de 1948, asegura que su predicación no envolvía proyecto alguno y que las palabras que invitaban a
crear un hogar para Cristo pobre fueron “palpablemente” puestas en sus labios por el mismo Cristo, de acuerdo con la promesa evangélica. Es evidente, entonces, que el padre Hurtado experimentó este impulso no como una idea propia, sino como una iniciativa de Dios.

La primera reacción que recibió fue la generosidad de las señoras que participaban en el retiro, que ofrecieron algunas joyas, una suma de dinero y un terreno, elementos insuficientes para una obra tan grande. A continuación, sintió la necesidad de confrontar su proyecto con la voz de la Iglesia y “se apresuró” a hablar con el cardenal Caro.

Impresiona la rapidez de los acontecimientos: el encuentro con el mendigo fue el 18 de octubre, a media noche, la inspiración de fundar el Hogar fue el 19, en la tarde, el 20 de octubre recibió la bendición del Cardenal para su nuevo proyecto y el mismo día 20, propone la idea de un hogar para indigentes en la reunión del Consejo Nacional de la Acción Católica. En diciembre del mismo año 1944, se bendijo la primera piedra del Hogar de Cristo.

Llama la atención la vivacidad con que Alberto Hurtado describe los dolores y sufrimientos de la pobreza. Insiste que es necesario “vivir” el hambre para conocerlo. Ésta será la tónica de los escritos de estos años.

Los primeros meses de 1945 están marcados por su reciente renuncia como Asesor de la A.C. Permaneció en las Brisas y luego en Marruecos (al parecer, evitó estar en Santiago), y comenzó a preparar conferencias y un libro sobre temas sociales. De regreso a Santiago, en marzo, continuó con sus habituales actividades del Colegio. Durante este año, predicó Ejercicios Espirituales al clero de Valparaíso, y a varios grupos de jóvenes y de mujeres. Pronunció varios ciclos de conferencias, entre ellas, uno en Puerto Montt, entre el 2 y el 14 de abril, y otro, muy significativo, en la Universidad Católica con el título de “La misión del universitario”, en junio. El 29 de abril se bendijo el primer Hogar de Cristo, en la calle López 535, de Santiago.

La misión social del universitario

Sabemos que Alberto Hurtado, desde su juventud hasta su muerte, estuvo relacionado con la Universidad Católica de Chile. Como estudiante de Derecho, entre 1918 y 1923, participó en el Centro de Estudiantes y guió diversas iniciativas de apostolado, dejando una profunda huella entre sus compañeros y profesores. Por medio de sus tesis de grado, muestra su interés en enfrentar académicamente la superación de la pobreza. Posteriormente, en 1934, siendo ya jesuita, desde Lovaina, mientras hacía el doctorado en Pedagogía, ayudó eficazmente a la fundación de la Facultad de Teología, buscando profesores y material bibliográfico. Durante sus años de ministerio sacerdotal, ya de vuelta en Chile a partir de 1936, desarrolló un intenso apostolado en el mundo universitario, como profesor y como predicador de retiros, tanto entre alumnos como entre profesores. Finalmente, el más elocuente de sus testimonios, el de su muerte, lo dio en el hospital de la Universidad Católica, en agosto de 1952.

En los documentos de este capítulo, tal como en ¿Es Chile un país católico?, el padre Hurtado presenta descarnadamente los problemas sociales y religiosos de Chile, con gran realismo y un profundo espíritu de fe, insistiendo que “la única razón para ser crítico es ser constructivo”. Iluminado por su estrecha vinculación con la Universidad, llamaba a los jóvenes y a la Universidad misma a comprometerse con Cristo desde su propia vida universitaria, exhortándolos a practicar la caridad específica de los ambientes de estudio: “La caridad del universitario debe ser primariamente social: esa mirada al bien común. Hay obras individuales que cualquiera puede hacer por él, pero nadie puede reemplazarlo en su misión de transformación social”. En un lúcido texto, invita a cada uno a “estudiar su carrera en función de los problemas sociales propios de su ambiente profesional”.

Los textos que se publican corresponden a charlas de preparación para la fiesta del Sagrado Corazón, patrono de la Universidad Católica, predicadas en junio de 1945. En ellos se manifiesta de modo recurrente el fundamento religioso de su preocupación social, es decir, que el llamado a la responsabilidad social es consecuencia ineludible del seguimiento de Jesucristo, y la reforma social busca las condiciones en que el hombre pueda alcanzar el fin para el que ha sido creado. Estos textos, sin duda, mantienen actualmente una gran vigencia: son muchos los jóvenes universitarios que ven en él un modelo de preocupación inteligente por los problemas sociales, y son también muchos los que orientan sus estudios en función de los problemas sociales propios de su ambiente profesional. Prueba de ello son los muchos voluntarios que colaboran en instituciones inspiradas por el padre Hurtado.


6. Moral social y sentido de Dios (1948-1952)

El significativo viaje a Europa de fines de 1947 hasta enero de 1948 permitió al padre Hurtado tomar contacto directo con el catolicismo social francés, entrevistarse personalmente con el padre Janssens, su Superior General, y recibir directamente el apoyo del santo padre Pío XII. Esto no sólo guió el discernimiento de su proyecto de trabajo social sino, también, lo impulsó a enfrentar intelectualmente el problema social. A partir de este tiempo, busca concentrar sus propios trabajos para no dispersarse en actividades demasiado variadas. Continúa su labor en el Hogar de Cristo y trabaja en favor de su financiamiento más estable, en esto, recibe mucha colaboración de ‘las señoras hogareñas’. Se mantiene como director espiritual en el colegio y profesor de Apologética para los alumnos mayores, y sigue preocupado de las vocaciones sacerdotales. Continúa la predicación de Ejercicios Espirituales, y sus ciclos de homilías en el Mes de María, en la Iglesia de San Francisco, con muchos frutos, de acuerdo a lo que él mismo declara.

Creación y desarrollo de la ASICH

Si bien la Acción Sindical Chilena se había fundado oficialmente en 1947, en realidad comienza a funcionar en 1948. Durante el período 1945-1947, se encuentran algunas noticias interesantes que permiten comprender la prehistoria y los propósitos de esta agrupación.

Su antecedente más remoto son los círculos de estudio de temas sociales en que participaba el joven Alberto Hurtado, en sus años de colegio y universidad. Luego, durante su formación en Lovaina, a instancias del padre Fernando Vives, se interesó por los diversos modelos de influencia eclesial en el terreno de los sindicatos.

Más concretamente, durante su tiempo de estudios en Estados Unidos, posiblemente en diciembre de 1945, comienza a proyectar una escuela social, que llama Ju.So. ( Justicia Social), con el propósito de “ir dando orientación social”. En mayo de 1946, le escribe a Rodolfo Valdés invitándolo a “echar a andar los Seminarios de Estudios Sociales de que ya hemos hablado; tú sabes cuánta importancia tienen éstos”, lo que muestra que a la vuelta de Estados Unidos debió haber tenido varias conversaciones al respecto, a pesar de que declare en la misma carta: “no he podido hacer nada, hasta ahora”. Al mes siguiente, el 21 de junio de 1946, le escribe a monseñor O’Hara: “hemos iniciado un Seminario de Estudios Sociales con un grupo de estudiantes universitarios y gente joven, que está avanzando con gran interés”.

Continúa recorriendo el país pronunciando muchas conferencias a señoras, jóvenes, sacerdotes y religiosos. Predica numerosos retiros al clero de diversas diócesis y congregaciones (Talca, Rancagua, Padres del Saint, Clero secular de María Inmaculada en Huara, etc.), así como a los jesuitas.

Muchas de sus conferencias tienen como tema la Europa de la posguerra, o están dedicadas a la promoción de la ASICH, que durante estos años recibe la aprobación del Episcopado chileno, con lo cual se consolida y desarrolla rápidamente. Sin embargo, teme por un crecimiento “demasiado rápido” de ésta. De hecho, la comienzan a pedir desde, Concepción, Valparaíso, Talca, Puente Alto, etc. El padre Hurtado reconoce que el gran problema es que “falta quienes se ‘consagren’ al movimiento”. Aún así, no descansa en difundirla y en llevarla a todos los rincones de Chile, en particular en sus giras al Norte Grande (1948 y 1951) y a Sewell (1948 y 1949), donde sostiene emotivos encuentros con los mineros81.

Por otra parte, se encuentra muy preocupado por la vida interior de los jóvenes que, a su juicio, “está en baja grande”. En resumen, cree que en Chile se está pasando por un momento “de desinterés por todo, como no lo había visto... y pensar que la vida es tan breve para hacer algo por Dios y ayudarlo en su obra”. Es así como los temas de sus conferencias se van centrando cada vez más en el sentido de la vida, la búsqueda de Dios, el existencialismo, la liberación del hombre. En este tiempo, se destacan sus conferencias en la Universidad Católica de Santiago (1948, et passim), en la radio Mercurio (1951), en Temuco (1948), en Puerto Montt (1950) y en la Universidad Católica de Valparaíso (1951).

Cuerpo Místico: distribución y uso de la riqueza

Particular mención merece su viaje a Cochabamba, Bolivia, invitado por el episcopado boliviano, a participar en la Primera Concentración Nacional de Dirigentes del Apostolado Económico Social, entre el 6 y el 13 de enero de 1950, su exposición, que publicamos en el apéndice, llevó como título: “Cuerpo Místico: distribución y uso de la riqueza”, y marcará un punto de madurez en el pensamiento social del padre Hurtado:

“Mientras los católicos no hayamos tomado profundamente en serio el dogma del Cuerpo Místico de Cristo que nos hace ver al Salvador en cada uno de nuestros hermanos, aun en el más doliente, en el más embotado minero que masca coca, en el trabajador que yace ebrio, tendido física y moralmente por su ignorancia, mientras no veamos en ellos a Cristo nuestro problema no tiene solución”.

A la luz de esta convicción de fe, continúa su intenso trabajo en el Hogar de Cristo, y en junio de 1948 echa a andar el proyecto de habitaciones de emergencia del Hogar, en septiembre pone por escrito el proyecto de la Casa de Educación Familiar, que estaría unida a la población obrera que planeaba construir el Hogar de Cristo, al lado de la parroquia Jesús Obrero, “para demostrar prácticamente cómo soluciona la Iglesia el problema social”, organiza la venida de los padres y hermanas de Don Guanella para hacerse cargo de la escuela-granja de Colina, se preocupa personalmente de realizar las gestiones con la Municipalidad de Santiago para construir los Talleres Profesionales del Hogar de Cristo para adolescentes, etcétera.

En estos últimos años, declara menor sintonía con los alumnos del colegio y se interesa más por los universitarios. Pide al superior más tiempo para pensar, y funda y dirige la revista Mensaje, para enfrentar, a buen nivel intelectual, los problemas contemporáneos a la luz del Evangelio. En la editorial del primer número, Alberto Hurtado explicita los objetivos de la nueva revista:
 
“La revista, dentro siempre de un criterio estrictamente católico y sin más limitaciones que las de él, abarcará tanto el campo de la teología y de la filosofía, como el de los problemas económicos y sociales, de la historia, de la literatura y del arte. También procurará ‘Mensaje’ vincular a los lectores chilenos con los problemas que agitan al mundo entero: el hombre ya no puede vivir aislado, pues cada día lo convierte más en ciudadano del mundo. De una manera especial, eso sí, atenderá a lo tocante a Chile mismo, no sólo para conocerlo, sino también para buscar en común soluciones de mejoramiento en la vida religiosa, intelectual y social”.
 
Enfermedad y muerte

En 1951 su salud se debilita de modo creciente y el padre Lavín, su superior, le prohíbe tomar más obligaciones. Durante esta última etapa, predica mucho sobre el sentido de Dios, redacta Moral social y proyecta escribir algo sobre el sentido del pobre. Por su salud, es enviado a descansar fuera de Santiago.

Frente a la propia enfermedad, se manifiestan especialmente significativas sus convicciones acerca del sentido de la vida humana, sin las cuales no se comprende la generosidad de su entrega a los demás.

El día 18 de agosto de 1952, a las 5 de la tarde, el padre Hurtado muere rodeado de sus hermanos de comunidad.

El testimonio de su muerte impacta a la sociedad chilena. El 20 de agosto, a las 8:30 hrs., se celebra la misa de funerales. El cardenal Caro reza el responso, y la homilía está a cargo de su amigo, monseñor Manuel Larraín, el obispo de Talca, quien afirmó: “Si silenciáramos la lección del P. Hurtado, desconoceríamos el tiempo de una gran visita de Dios a nuestra patria”. Asiste una gran muchedumbre de gente, de todos los sectores de la sociedad. A las 10:30 hrs., sale el cortejo hacia la parroquia de Jesús Obrero. El trayecto de unas cuarenta cuadras se hace a pie, a petición de los asistentes.

Después de su muerte

El año de su muerte, el padre Álvaro Lavín sugiere que se inicie su proceso de canonización. En 1955, el provincial de los jesuitas, Carlos Pomar, comienza con las consultas a los testigos. En 1971, la Conferencia Episcopal de Chile pide la introducción de su Causa de Canonización.

El influjo positivo que el padre Hurtado realizó durante su ministerio sacerdotal se prolonga después de su muerte, hasta hoy. El Hogar de Cristo, su obra la más conocida, permanece como un ícono nacional de la preocupación por los demás: son miles los voluntarios que a lo largo de todo Chile siguen su inspiración. Por otra parte, su trabajo formativo entre los jóvenes fue decisivo en la vocación de servicio de muchos chilenos del siglo XX y XXI, que han tenido gran relevancia en el desarrollo de nuestra sociedad95. Además, su labor en ambiente sindical, en especial, por medio de la ASICH; la fundación de la revista Mensaje, como un espacio de reflexión para “prolongar y aplicar a nuestra patria chilena y a nuestros atormentados tiempos” las resonancias del mensaje del Hijo de Dios96; sus aportes en ámbito educacional, en especial, universitario, que llama a la Universidad a ser “el cerebro” del país; su contribución a crear en el país una conciencia social más clara de las exigencias de la fraternidad; etc., son actividades que se han prolongado por medio de muchos chilenos conocidos o anónimos que han visto en Alberto Hurtado un modelo de una vida fecunda, inspirada por la fe y entregada con generosidad en favor de los demás.

En su viaje a Chile, el Santo Padre, Juan Pablo II, visitó el Hogar de Cristo, resa ante la tumba del padre Hurtado y propuso estas desafiantes palabras: “¿Podrá también en nuestros días el Espíritu suscitar apóstoles de la talla del Padre Hurtado, que muestren con su abnegado testimonio de caridad la vitalidad de la Iglesia? Estamos seguros que sí; y se lo pedimos con fe”.

El 16 de octubre de 1994, Juan Pablo II beatifica al padre Hurtado, y el 23 de octubre de 2005, Benedicto XVI lo canoniza. 
 
 
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