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Viajeros y exploradores en Chile durante los siglos XVIII – XIX

Durante el siglo XVIII las monarquías europeas como Inglaterra, Francia, Rusia y España financiaron, promovieron, patrocinaron y organizaron un gran número de expediciones de exploración, reconocimiento, descubrimiento y estudio de los territorios americanos. El Estado de las potencias europeas era el único capaz de solventar los recursos materiales, técnicos, humanos y administrativos que se ponían en movimiento para la realización de estos viajes con fines científicos, políticos o económicos.

La misión oficial de la gran mayoría de estas expediciones era científica. Durante el siglo XVIII la ciencia se convirtió en un instrumento de expansión imperial, considerándose parte del proyecto ilustrado en donde, entendida como la capacidad de acceder al conocimiento, era reconocida como una herramienta poder. Los sistemas de conocimientos racionales exigían entonces su aplicación práctica sobre la naturaleza.

En este contexto, los hombres de ciencia europeos se embarcaron hacia lo desconocido y, dependiendo de las órdenes de sus coronas, recorrieron el territorio americano, estudiaron la realidad material de las colonias y proyectaron técnicas adecuadas de explotación para los recursos naturales y humanos del Nuevo Mundo.

El viaje científico se convirtió en la mejor excusa para que potencias europeas se internaran en territorios y mares que hasta ese momento eran exclusivos de los españoles y, rompieran con la hegemonía marítima de la Corona Española sobre las rutas de navegación y el comercio con el continente americano.

Las expediciones junto con estudiar la geografía e historia natural de América, también tenían como objetivo transversal conocer los nuevos recursos naturales para explotarlos económicamente y enriquecer a la monarquía absoluta que apadrinaba el viaje. En este sentido la preocupación por la geología y botánica tendrían un especial desarrollo durante estas exploraciones.

Los objetivos de la expedición dependían de los intereses de la monarquía. La Corona española, acorde a su condición de soberana de las tierras americanas, fue la que pretendió cumplir más propósitos en los viajes. Con el fin de propender al enriquecimiento del imperio, proyectó la creación de un catastro de las riquezas americanas con una especial preocupación hacia la geología, mineralogía y botánica, para mejorar cuantitativamente y cualitativamente la explotación y producción de los recursos agrícolas, mineros e industriales de sus colonias. Así, durante el siglo XVIII pasaron por América los botánicos Ruiz y Pavón, mientras que Antonio de Ulloa durante su estancia en Nueva España (hoy México y parte de Guatemala) entre 1776 y 1778 empleó un cuestionario sobre la geografía, física, antigüedades, mineralogía y metalurgia del reino.

La amenaza de otras potencias hacia tierras coloniales impulsaron los viajes geoestratégicos que aspiraban a proteger e ir en auxilio de las zonas más conflictivas del imperio como la Patagonia y el Pacífico noreste.
Mención aparte merece la monumental empresa emprendida por el italiano Alejandro Malaspina que durante cinco años recorrió las colonias españolas para reconocer los territorios del Imperio.

Expedición Malaespina
La expedición a cargo del viajero italiano Alejandro Malaspina fue el mayor esfuerzo desplegado por la Corona española para conocer el estado real de sus colonias. Entre 1789 y 1794 viajaron en dos corbetas más de doscientos hombres entre marinos, científicos y artistas con el fin de conocer en profundidad todos los territorios del Imperio Español. Para esto se adquirieron los más modernos instrumentos científicos de la época, se formó una biblioteca especializada para la consulta de los expedicionarios y se instruyó a cada uno de los jefes políticos y administrativos de los territorios por donde la expedición pasaría.
En 1789 zarpó hacia Montevideo y luego de un detallado examen del Río de la Plata, se trasladó hacia la Patagonia, las Islas Malvinas y de ahí a Chiloé. En febrero de 1790 después de haber llegado a Talcahuano recorrió el litoral de Chile y se internó en la provincia de Coquimbo. En mayo de ese mismo año llegaron a Perú donde la expedición permaneció largo tiempo, con el fin de realizar un detallado examen de un virreinato tan importante para la Corona. El 20 de septiembre zarparon hacia Ecuador, arribando en Guayaquil, para luego continuar hacia Panamá. Al año siguiente comenzó la etapa novohispana de la expedición. Luego de recorrer regiones del virreinato se embarcaron hacia las colonias inglesas de América del Norte, recorriendo las costas de California. En 1792 comenzó un nuevo derrotero hacia Las Filipinas. Un año después, y luego de permanecer en Nueva Zelanda, la expedición se dirigió hacia las costas de América del Sur, desde donde emprendió su regreso en septiembre de 1794 desde Montevideo.

A su vez Rusia, como continuación de la expansión siberiana se interesó por el Pacífico septentrional. Desde 1719, el Zar financió expediciones destinadas a conocer las islas y costas de Alaska para extender sus dominios y explotar las pieles de animales como lobos marinos y nutrias.

La corona inglesa realizó expediciones con propósitos estratégicos y económicos que les permitieran conquistar territorios americanos desconocidos. Esto fue lo que hizo Lord Byron que reconoció el litoral occidental de Norteamérica en búsqueda de un paso hacia el Atlántico y alcanzar las islas Falklands y James Cook, quien siguiendo los pasos de su antecesor, también fijo como un propósito de sus viajes buscar un paso interoceánico en el noreste del Pacífico septentrional.

Serenos, crieurs de nuit a Santiago.  En Álbum pittoresque de la frégate La Thétis et de la Corvette L'Espérance…, de M. le Vicomte De la Touanne, (1828). De las expediciones francesas la más grande fue la de La Pérouse. Con ella Francia continuaba la era de las navegaciones científicas iniciadas con los viajes Louis Feuillée, Amadée Freizer y Bougainville. En 1785, Jean Francois de Galaup, Conde de la Pérouse dirigió un viaje de exploración acompañado de científicos, astrónomos, hidrógrafos y botánicos con el fin de completar la información recogida por su antecesor. Luego de recorrer las costas de Brasil, cruzó al Pacífico por el Cabo de Hornos y subió por el litoral chileno hacia las zonas septentrionales de América y las islas de Oceanía. Sin embargo su viaje terminó trágicamente al naufragar en unas islas cercanas a Nueva Zelanda en 1788.

Los testimonios y estudios publicados por estos científicos son un completísimo compendio sobre la geografía y recursos naturales de América, además de otorgar valiosas reflexiones sobre la situación administrativa, social y económica de las colonias. Durante el siglo siguiente también fueron recursos de gran valor cuando las autoridades republicanas y científicos extranjeros contratados por las nuevas naciones debieron acudir ellos para enfrentar la carencia de conocimiento en materia geográfica, resolver las disputas limítrofes y proyectar nuevas exploraciones para conocer con mayor precisión los recientes territorios integrados a la soberanía nacional.

El proceso de independencia ofreció un nuevo escenario para la llegada de los viajeros y expediciones científicas extranjeras. Numerosos europeos motivados por la nueva realidad política y los relatos míticos sobre el continente americano se embarcaron rumbo a estas tierras, ya sea financiados por sus gobiernos, las noveles repúblicas americanas o por ellos mismos.

Chile al igual que otras regiones de Sudamérica fue visitado por franceses, ingleses, italiano, rusos y suecos. Mientras algunos eran marineros, científicos o simples intelectuales, otros buscaban aventuras y fortuna.

Esto último fue lo que motivó a gran parte de los viajeros británicos. Las noticias sobre la emancipación de las colonias españolas llevaron a que los comerciantes británicos apoyaran la causa patriota y se adhirieran los principios de libertad de comercio. En este contexto llegó el comerciante Samuel Haig a Chile. Haciéndose cargo de un embarque con mercadería destinado a los puertos de Buenos Aires, Valparaíso y Callao, conoció desde 1817 las costumbres y paisajes de muchos lugares de Sudamérica, además de ser fue un testigo privilegiado de la últimas guerras de independencia en Chile, experiencia que publicó en su libro Viaje a Chile durante la época de la Independencia en 1831. La viajera y escritora Mary Graham llegó a Chile en 1822 acompañando a su marido Thomas Graham quien murió en Cabo de Hornos. Durante más de un año observó de cerca las costumbres, vida privada y pública de la naciente sociedad chilena, lo que plasmó en su Diario de residencia en Chile (1822) y de su viaje al Brasil (1823) publicado en 1824.

Diarios y álbumes de viajes
Los diarios, crónicas y álbumes de viajes publicados por los viajeros extranjeros provocaron gran expectación entre las elites latinoamericanas. Fuera de ser interesantes fuentes históricas del periodo que relatan las costumbres y tradiciones de las sociedades republicanas también, en su tiempo, contribuyeron al desarrollo de la investigación científica e incentivaron la exaltación del nacionalismo en las esferas jóvenes de los dirigencias políticas.

John Coffin
Diario de un joven norte-americano detenido en Chile durante el período revolucionario. Santiago: Impr. Elzeviriana, 1898.

Mary Graham
Diario de su residencia en Chile y de su viaje al Brasil. Madrid : Ed. América, [19--].

Mauricio Rugendas
Álbum de Rugendas. 48 originales de arte. Chile, 1800.


Los alemanes que visitaron Chile durante el siglo XIX se destacaron por su interés hacia las ciencias naturales. Tal fue el caso del médico Eduard Poepping que arribó a Valparaíso en 1826 y durante cinco años recorrió el territorio nacional para luego dirigirse hacia Perú y Brasil. El ingeniero en minas Paul Treutler, motivado por los diamantes que circulaban en Europa del mineral Chañarcillo decidió explorar los recursos minerales del país y en 1859 llegó a Chile a recorrer el norte Chico y zona central, para luego viajar más de tres veces a la zona de la Araucanía.

Entre las expediciones científicas de este siglo destacaron la de los francés Jules Sebastián César Dumont D’Urville quien emprendió la gran travesía hacia la antártica (1837 – 1840), Alcide d’Orbigny enviado por el Museo Natural de París en un viaje de exploración por el río de la plata y territorio argentino (1826 – 1934) el naturalista Charles Darwin a bordon del bergatín Beagle (1831 – 1836) y la Comisión Científica del Pacífico (1862 – 1866).

Dumont D'Urville
El primer viaje que realizó Dumont D’Urville fue alrededor del mundo entre 1822 y 1825 como segundo jefe de la corbeta Caquelle.
Cabane du cacique Penoleo a Concepción, 1838. En Voyage au Pole Sud et dans l'Océanie sur les corvettes l' Astrolabe et la Zélée :exexuté par ordre du roi ..., Jules Sebastian Cesar Dumont d'Urville, (1842-1847)Al volver a Francia, y después de ser nombrado capitán de fragata, presentó el proyecto de una nueva expedición con el fin de encontrar los restos del naufragio de La Perouse. Al mando de la corbeta Astrolabe, salió de Tolón el 25 de abril de 1826 y llegó a la isla de Vanikoro, donde encontró cañones, pertrechos y anclas, que los indígenas habían rescatado del mar.
Como resultado de este viaje se realizaron gran cantidad de cartas hidrográficas, el descubrimiento de 120 pequeñas islas, datos étnicos y colecciones de plantas e insectos desconocidos.
Hacia 1837 emprendió su gran travesía de exploración antártica. Solventado por el gobierno francés, zarpó el 7 de septiembre hacia el Estrecho de Magallanes y Tierra del Fuego. Sin embargo, diversos problemas geográficos y climáticos los obligaron a retirarse hacia el norte, donde hicieron un recorrido por las tierras australes de Chile.
Entre mayo de 1838 y octubre de 1839 continuó con la exploración del Océano Pacífico y desde Tasmania trató una vez más de adentrarse en el Continente Antártico, llegando el 18 de enero de 1840 hasta el paralelo 66° 30'.
D'Urville demoró 8 meses más en explorar las aguas del sur y luego de viajar a Nueva Zelanda, Nueva Guinea, Timor y otras islas regresó a Francia el 6 de noviembre de 1840.
 

 

Charles Darwin (1809-1882)
Charles Darwin, uno de los científicos más destacados e influyentes del siglo XIX arribó a Chile en 1832. Como parte la expedición científica al mando del capitán Robert Fitz-Roy, Darwin recorrió a bordo del H.M.S Beagle parte América del Sur, las islas del Pacífico, Australia, Nueva Zelanda entre 1831 y 1836.
Durante su estadía en Chile que se prolongó hasta 1935 estudió detenidamente la geología, botánica, zoología de las tierras y canales australes como Chiloé, Tierra del Fuego y las Islas Guaitecas. Paralelamente también recorrió parte de la zona central y las provincias de Osorno y Valdivia donde sufrió los avatares de un terremoto y maremoto, mientras que en el norte chico exploró la estructura geológica de zonas mineras como Coquimbo, Huasco y Copiapó.
En 1836 Darwin regresó a Inglaterra y redactó su obra Viaje de un naturalista alrededor del mundo que publicó tres años más tarde, plasmando su impresión sobre las diversas formaciones geológicas y variedad de fósiles y organismos vivos del continente americano, junto con esbozar sus primeros enunciados de su llamada teoría de la evolución.
En 1859 el científico publicó su obra Sobre el origen de las especies. En ella postuló que el origen de las especies se basaba en el azar y en la selección natural impuesta por el medio ambiente externo, del cual dependía la sobrevivencia del más fuerte. Los adaptados traspasaban a la generación siguiente sus características genéticas a través del principio de herencia lo que les permitía adecuarse mejor que las generaciones precedentes al medio.  Con esto aseguraba que las especies no eran inmutables y que evolucionaban lentamente a través del tiempo.

Charles Darwin
Viaje de un naturalista alrededor del mundo. Buenos Aires: Libr. El Ateneo, 1945.

La Comisión Científica del Pacífico fue la principal expedición enviada por el gobierno español a tierras americanas durante el siglo XIX. Integrada por seis naturalistas entre un geólogo, un antropólogo, tres zoólogos, un botánico, más un taxidermista y un fotógrafo-dibujante zarparon a bordo de los buques La Resolución y la Triunfo en 1862. La misión era realizar estudios sobre la flora y fauna americana para contribuir a la introducción de especies americanas en tierras españolas de manera de potenciar su economía, reunir colecciones científicas sobre la naturaleza y las culturas americanas para incrementar los fondos de los museos españoles y estudiar un lugar favorable para instalar otra base naval en aguas del Pacífico sudamericano. Durante los primeros años recorrieron Brasil, Río de la Plata, Guayaquil y los Andes ecuatoriales para luego subir por la ribera del Pacífico hasta California. Esta expedición, además de contribuciones investigativas sobre el conocimiento de la diversidad de la naturaleza y las culturas americanas, generó un importante legado iconográfico a cargo del fotógrafo Rafael Castro y Ordóñez.

Ya sea por orden las monarquías, estados o iniciativa propia, lo cierto es que las expediciones y viajes científicos fueron más que una anécdota en la historia americana. Cientos de arrojados hombres de ciencias se embarcaron en la misión de explorar los recursos naturales y humanos del Nuevo Continente para difundir mejores técnicas de producción o por motivos geopolíticos. Sin embargo en este ir y venir se fue configurando una especial relación entre científicos y criollos quienes veían en los primeros el conocimiento científico ligado al progreso europeo y las ideas ilustradas, mientras los segundos veían en estas nuevas tierras nuevas formas de vivir y dominar la naturaleza.
 
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