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Las ciencias durante el siglo XIX
La institucionalización de la ciencia racional es el resultado de un proceso que se desarrolló desde mediados del siglo XVIII, cuando una comunidad de hombres comenzó a aplicar el método empírico y a difundir nuevos cánones de progreso y civilización. En este escenario, científicos y naturalistas europeos tendrían la misión de expandir el conocimiento de las distintas disciplinas exactas más allá de sus fronteras, lo que los llevaría a buscar referentes muy distantes de Europa.

En vista de lo anterior, muchos de los más grandes exponentes científicos europeos viajaron a América y se convirtieron en protagonistas de la historia de la construcción de las nuevas repúblicas y sus instituciones.

En Chile las condiciones favorables para el impulso de las ciencias se dieron a partir de 1830. A la bibliografía científica elaborada por viajeros extranjeros del siglo anterior y a la obra descriptiva de Juan Ignacio Molina sobre la flora y fauna de la geografía chilena, se le sumó la consolidación de instituciones educacionales y de un gobierno con la plena intensión de realizar una radiografía a su territorio.

La cúpula gubernamental de Chile de ese entonces percibió que, para la ejecución de labores científicas en el territorio nacional debía contratar sabios extranjeros que asumieran las primeras tareas de reconocimiento del territorio, junto con la enseñanza de las ciencias aplicadas y formales en las recientes fundadas instituciones educacionales.

Para potenciar más aún su misión, el gobierno publicó diversas obras científicas para apoyar a la naciente comunidad, difundir el conocimiento especializado y estimular a los jóvenes a internarse en estos contenidos disciplinarios. En este contexto es en el que se imprimen obras de Claudio Gay, Amado Pissis, Vicente Bustillos, Ignacio Domeyko y Enrique Espinoza.

La ciencia que se desarrolló desde entonces se caracterizó por ser más comprometida con su entorno social; orientada al empleo de modelos explicativos en boga y estructurada bajo un conjunto normativo gremial e institucional que facultó la formación de un corpus teórico continuo y definido.

La misión educacional y científica que comenzó a cumplir el Instituto Nacional luego de su reapertura en 1819, generó el contexto adecuado para robustecer la enseñanza de las ciencias. Rápidamente la institución se convirtió en un centro de convergencia de académicos, científicos e investigadores gracias a la contratación de extranjeros expertos en las diversas materias impartidas. Este fue el caso del español Antonio de Gorbea que llegó a Chile en 1826 para hacerse cargo las cátedras de matemáticas, geometría descriptiva, trigonometría y topografía, mientras que en 1833 los médicos Guillermo Blest y Lorenzo Sazié inauguraron en el mismo establecimiento la carrera de medicina. Diez años después, en 1843 se integró al cuerpo docente el químico León Crosnier quien se hizo cargo del curso de química y desarrolló novedosos experimentos asociando plata con diversos minerales metálicos.

En 1842 se fundó la Universidad de Chile, primera academia encargada de formar profesionales e investigadores científicos y de otras disciplinas para que aportaran al desarrollo de su nación con sus conocimientos. La Universidad es inaugurada con la cinco facultades: Humanidades y Filosofía; Ciencias, Matemáticas y Física: Leyes y Ciencias Políticas; Medicina y Teología.

Ese mismo año 1842 Gorbea, es contratado por el gobierno para formar el Cuerpo de Ingenieros Civiles mientras que ese mismo año, el argentino Domingo Faustino Sarmiento funda la Escuela Normal de Preceptores. Sólo tres años después el gobierno decide complementar la tarea de la Universidad de Chile con la fundación de la Escuela de Artes y Oficios, institución encargada de la educación técnica del país con sedes a lo largo de todo el territorio.

Escuela de Artes y Oficios

El 18 de septiembre de 1849, el Presidente Manuel Bulnes inauguró la Escuela de Artes y Oficios, dedicada a la formación técnica de carpintería, herrería, mecánica, fundición y modelación de maderas, entre otros, además de diseñar y construir máquinas y herramientas para el uso agrícola e industrial, muchas de las cuales fueron premiadas en exposiciones nacionales e internacionales.

El desarrollo y consolidación de la Escuela de Artes y Oficios en la capital sucedió simultáneamente con el establecimiento de las escuelas de minas en las ciudades de Copiapó, La Serena y Antofagasta, además de la fundación de la de escuelas industriales de Temuco, Concepción y Valdivia, las que contribuyeron decisivamente al desarrollo económico y social de las regiones. 

Escuela de Artes y Oficios:

Reglamento para la Escuela de Artes y Oficios dictado por el Supremo Gobierno el 22 de enero de 1864.
Santiago: Imprenta Nacional, 1864, 22 p.

Crónica: Escuela de Artes i Oficios para mujeres.
En: Boletín de la Sociedad de Fomento Fabril, enero 1888, pp.43-44.
 


Pero no todo fue acción del Estado. También se constituyeron sociedades y grupos civiles que promovieron el estudio científico además de financiar publicaciones y actividades del mismo carácter. La más importante fue la Sociedad Chilena de Agricultura y Beneficencia que se fundó en 1838. Esta institución estimuló y contrató asesorías de científicos como Claudio Gay, de quien fueron sus socios para la publicación y distribución de la Historia Física y Política de Chile. En 1841 y apoyada con fondos estatales, la Sociedad Chilena de Agricultura fundó la Quinta Normal, escuela elemental de agronomía nacional en la que se aplicaban las ciencias naturales sobre los recursos agrícolas del país.

Junto con la Quinta Normal, el Instituto Nacional y la Universidad de Chile, una de las instituciones científicas más importante de la época fue el Museo Histórico Natural. Fundado en 1830 con el naturalista francés Claudio Gay a la cabeza, tenía como misión acopiar, clasificar y dar a conocer los referentes naturales del medio biótico y mineralógico del país. Desde 1853, el museo comenzó a posicionarse como uno de los más importantes en la región gracias a la administración del alemán Rodolfo Amando Philippi y posteriormente la de su hijo Federico.

Museo de Historia Natural de Santiago
Museo de Historia Natural de Santiago hacia 1890El Museo Nacional de Historia Natural fue considerado, desde los inicios de la República, como un referente científico necesario para la formación de la nación. Así, el 14 de septiembre de 1830, el gobierno de Chile fundó el Museo de Historia Natural de Santiago y nombró como su director al naturalista francés Claudio Gay, quien se fijó como misión acopiar, clasificar y dar a conocer oficialmente los referentes del medio biótico y mineralógico existentes en Chile, lo que estimuló que numerosas comisiones a lo largo del siglo XIX, como las de Germain en 1855, Landbeck en 1860 y 1884 y Federico Philippi en 1878 y 1883, recorrieran el territorio nacional en busca de especies para el museo.

En el año 1876 el museo comenzó a ocupar el edificio construido para la Primera Exposición Internacional del año anterior, emplazado en el Parque Quinta Normal de Santiago.
Hacia 1908 la planta del museo estaba formada por un Director: Federico Philippi; cuatro jefes de sección -Zoología, Botánica, Entomología, Mineralogía-, un naturalista auxiliar, un escribiente-bibliotecario, un disector, un mayordomo y dos porteros. Durante este año apareció el primer volumen del Boletín del Museo Nacional, que se sigue publicando con el nombre de Boletín del Museo Nacional de Historia Natural.

Desde entonces hasta 1910, año en que falleció Federico Philippi, se consolidó un sólido cuerpo científico, vinculado a institutos similares de Europa, mediante intercambio de material, documentos y publicaciones. Su dirección fue fructífera para el museo; continuó y amplió la obra de su ilustre padre y la institución reforzó su posición gracias al sólido cuerpo científico que trabajaba en él y a los vínculos con institutos similares de Europa, mediante el intercambio de material y publicaciones.


En 1902 se fundó el Museo Histórico Natural de Concepción, gracias al esfuerzo del ex director del Museo de Historia Natural de Valparaíso, quien, además de ser su primer director, era dueño de las colecciones que se exhibían.

El Museo de Historia Natural de Concepción
Carlos Oliver Schneider trabajando con piezas de la colección antropológica (1922 aprox.)El 20 de junio de 1823 el Director Supremo Ramón Freire, firmó el decreto mediante el cual ordenó “fundar en Concepción un Museo para la práctica de la ciencia”. Sin embargo, la fundación del Museo se concretó en 1902 gracias al empeño del naturalista británico Edwyn Reed Broockman, quien además de ser su primer director, era dueño de las colecciones que se exhibían.
A lo largo de su historia, el Museo de Historia Natural de Concepción ha pasado por varias etapas de incertidumbre, entre las que se cuentan la inexistencia de un edificio que lo albergue -llegando a contabilizar 21 locales diferentes en toda su historia- y dos grandes sismos en 1939 y 1960, que significaron daños significativos en su patrimonio.

Desde su fundación, el público llegó entusiasta a ver la primera exhibición del Museo, la que consistía en cajas con insectos, cubiertas por una tapa de vidrio, puestas sobre mesones, aportados por el propio Reed. Al iniciar el año escolar de 1903, escuelas y liceos recibieron varias de estas cajas como donación, lo que fue una novedosa forma de difundir las colecciones, además de ser de gran utilidad en el medio educativo. Los periódicos El Sur y El País cooperaron destacando la labor del director, a quien se le veía a menudo comprando ejemplares a los pescadores de Tomé, Penco, Lota o Talcahuano y estaba en permanente contacto con cazadores que le aportaban aves; especimenes que el taxidermista Gabriel Castillo preparaba para exhibirlos. Al cumplir cinco años de existencia, el Museo ya abarcaba tres secciones: Museo General, en la ex capilla del Liceo de Hombres; Museo Regional, en las habitaciones del hogar de la familia Reed y el Museo Educacional, en una sala contigua. Los dos primeros abrían los domingos de 14 a 16 horas y el último, de acuerdo al tiempo disponible por alumnos y profesores.

Después de la muerte de Reed en 1910, la institución continuó bajo la dirección del botánico Alcibíades Santa Cruz y la custodia del joven egresado del Liceo de Hombres Carlos Oliver Schneider, quien, tras el alejamiento de Santa Cruz asumió la dirección venciendo enormes contratiempos y llevó al Museo a su más alto nivel.

Desde 1929 forma parte de la Dirección de Bibliotecas Archivos y Museos. Actualmente se encuentra ubicado en la Plaza Acevedo, lugar donde el conquistador Pedro de Valdivia tuvo su primer encuentro bélico con el pueblo mapuche, en febrero de 1550.

 


Otro de los hitos fundamentales en la historia de la ciencia decimonónica fue la llegada de una comisión científica astronómica norteamericana a cargo del oficial James Melvilla Gilli en 1849. Provista del equipo necesario montó un observatorio para iniciar sus trabajos, a lo que se le sumó la contratación de especialistas de las ciencias físicas y matemáticas como Alberto Obrecht.

El Observatorio Astronómico Nacional

En 1849 una expedición científica norteamericana dirigida por James T. Gillis de la Marina de Estados Unidos montó un observatorio astronómico en el Cerro Santa Lucía. Sin embargo, tres años después, específicamente el 17 de Agosto de 1852 el gobierno de Chile compró las instalaciones, instrumentos y documentos del observatorio y lo inauguró como el Observatorio Astronómico Nacional, dependiente del Ministerio de Instrucción Pública.

Inmediatamente se posicionó como uno de los más activos de la región y publicó más de treinta trabajos científicos en revistas internacionales especializadas de Alemania, Inglaterra y Estados Unidos durante el siglo XIX.

Entre los aportes más significativos del Observatorio se encuentra los del director Carlos Moesta en 1856 cuando al hacer una nueva medición longitudinal de Valparaíso reconoció una error de la antigua y desplazó toda la costa occidental de Sudamérica debido a que todos los puertos estaban referidos a Valparaíso, mientras que durante la administración de Friedrich Ristenpart (1908 - 1913) se confeccionaron 50 cartas del cielo austral las que tuvieron gran demanda por los centros astronómicos extranjeros durante más de 60 años.


El gran nivel de desarrollo económico, político, cultural y científico de Chile alcanzado durante la década de los ’70, llevó al gobierno junto con la Sociedad Nacional de Agricultura a organizar una exposición internacional en 1875 que diera cuenta de los logros de la nación hacia el resto de las naciones y difundiera entre el público chileno los últimos avances científicos y tecnológicos del mundo.

La Exposición Internacional de 1875

La Exposición Internacional de 1875 aspiró dar conocer al mundo el progreso de las instituciones y el desarrollo de economía chilena, junto con difundir entre el público nacional los últimos avances científicos y tecnológicos aplicados a las actividades productivas del mundo.

El gobierno de Chile le confió la tarea de organizar la Exposición a la Sociedad Nacional de Agricultura, entidad pionera en Chile en la difusión del conocimiento científico aplicado a las actividades productivas.

La convocatoria oficial al evento se hizo efectiva en marzo de 1873, a través de las legaciones chilenas en el exterior y del cuerpo diplomático acreditado en el país. Al llamado acudieron Estados Unidos, México, El Salvador, Nicaragua, Guatemala, Venezuela, Argentina, Bolivia, Ecuador, Perú, Colombia, Uruguay, Brasil, Gran Bretaña, Italia, Francia, Bélgica, Alemania y Suiza. La Exposición instalada en un edificio especialmente construido para la ocasión en la Quinta Normal, fue inaugurada el 16 de septiembre de 1875 por el Presidente de la República Federico Errázuriz Zañartu.

La exhibición que se extendió por cuatro meses, se estructuró en cinco áreas temáticas, cada una de las cuales dispuso de un pabellón donde cada país montó la muestra de los productos y las tecnologías correspondientes, como cáñamo y almendras de Aconcagua, plantas medicinales de Victoria, maderas y papas de Chiloé, pizote y café de Costa Rica, animales embalsamados de Guatemala, maderas finas de Nicaragua, piezas arqueológicas de oro y plata de Ecuador y sorprendentes aparatos tecnológicos de Bélgica fueron algunas de las novedades expuestas.
La Exposición tuvo como medio de difusión oficial del evento al periódico El Correo de la Exposición, a través del cual los organizadores esperaban poner al alcance de gran cantidad de público los adelantes en el conocimiento y el quehacer humano que se montarían en la exposición.

La publicación apareció quincenalmente entre septiembre de 1875 y febrero de 1876 y la temática predominante del periódico era la aplicación práctica de los adelantos técnicos en exhibición, explicación de proyectos y semblanzas de personajes.

Catalogue des esposants belges
En: Le Chili tel qu'il est: publications officielles de la Commission belge faites avec l'approbation de la Commission Directrice de l'Exposition Internationale du Chili de 1875. Valparaíso : Imprimerie du Mercurio, 1876, pp.XXI a LXII.
 


Así, como consecuencia de la política científica del gobierno, junto con la difusión de estas materias por parte de las distintas instituciones involucradas, las ciencias se difundieron en un corpus bibliográfico de alcance nacional, a través de imprentas, editoriales o periódicos como El Mercurio y El Araucano. A las obras descriptivas realizadas por los naturalistas contratados para investigar sobre el territorio, surgieron diversas revistas y boletines que, más allá de expresar ideas y difundir conocimientos específicos, reafirmaron la identidad de la comunidad científica. Junto con la producción nacional, también durante este período fue posible encontrar en instituciones y librerías un amplio repertorio bibliográfico de las materias y avances científicos europeos en boga.

El proceso de institucionalización de la ciencia en el país fue el resultado de una serie de factores que permitieron su amplio desarrollo. La intervención excesiva de los gobiernos republicano en ésta área que entendía que la consolidación del Estado –Nación estaba íntimamente relacionada con la divulgación de las ciencias, se complementó con el fortalecimiento del gremio de científicos que otorgaban continuidad al proceso de investigación, abarcando la exploración del territorio, la producción teórica en el ámbito de las ciencias de la vida y de la tierra, la enseñanza de las ciencias formales y aplicadas en aulas escolares, técnicas y universitarias y produciendo una bibliografía especializada sobre el país.
 
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