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Los estudios hidrográficos de la Armada Nacional durante el siglo XIX
Durante las últimas décadas del siglo XIX, el territorio chileno se expandió considerablemente tras la Guerra del Pacífico y la ocupación de la Araucanía. Esto implicó un esfuerzo gubernamental por reconocer y estudiar las regiones incorporadas, tanto a nivel territorial, como hidrográfico. En este último aspecto, la responsabilidad fue asumida por la Armada Nacional, la que realizó una gran contribución al conocimiento del litoral e hidrografía del país, que trascendió más allá de sus funciones meramente institucionales.

Durante este período además, se generó una particular coyuntura en la que las actividades científicas de sabios extranjeros que trabajaban en Chile, coincidieron con los requerimientos de las instituciones militares. Esto permitió que se generaran espacios de colaboración mutua e instancias de desarrollo científico dentro de las Fuerzas Armadas en general y de la Armada en particular.

La participación de la Armada cubrió diversas dimensiones entre las que encontraban la consolidación de entidades científicas internas, la publicación de diversos medios de comunicación oficiales y la exploración del litoral costero del país con objetivos hidrográficos, cartográficos, meteorológicos y taxonómicos.
Aunque entre 1834 y 1857 se realizaron expediciones en buques deteriorados y no preparados, las exploraciones más importantes comenzaron a realizarse luego de la formación de la Oficina Hidrográfica de la Marina Nacional en 1874, a cargo del oficial Francisco Vidal Gormáz, quien la dirigió por 17 años, marcando fuertemente su impronta. Durante la primera década de funcionamiento, esta institución alcanzó reconocimiento nacional e internacional y se perfiló como el organismo científico y técnico de la Marina.

Oficina Hidrográfica de la Marina Nacional

La Oficina Hidrográfica de la Marina Nacional, fue creada según el decreto presidencial N° 329, el 1 de mayo de 1874 y tenía como principal objetivo fijar el derrotero general de las costas de Chile, llevar una estadística sobre los desastres marítimos y elaborar pequeños extractos del diario meteorológico que debía llevar cada buque mercante.
La Oficina también debía instalar boyas y balizas de señalización, determinar los lugares más apropiados para la instalación de faros que guíen a los barcos para la navegación nocturna, confeccionar tablas de mareas, estudios para precisar la dirección de las corrientes, investigaciones taxonómicas sobre la flora y fauna marina de las distintas regiones costeras y contribuir a la lectura hidrográfica y marítima global del país.
Finalmente debía recopilar, clasificar y archivar el material documental proveniente de los informes y cartas náuticas que los oficiales entregaban luego de cumplir sus derroteros, además de la información obtenida luego de las excursiones
 

Rápidamente la Armada Nacional y en particular la Oficina Hidrográfica de la Marina Nacional se consolidaron como instituciones científicas de gran prestigio, lo que se confirmó con el reconocimiento que recibieron tras su participación en la Exposición Internacional de Santiago de 1875, por su completa exhibición de planos hidrográficos sobre la costa y ríos del país.

Después del fin de la Guerra del Pacífico, gran parte de los buques abandonaron sus actividades bélicas para realizar investigaciones científicas hidrográficas y elaborar cartas que indicaran las rutas más cortas y seguras para la navegación comercial.

Una de las principales preocupaciones de la Oficina Hidrográfica fue la región austral y septentrional de Chile. Por esto, uno de sus primeros propósitos fue realizar un cuadro completo de la hidrografía de la parte continental austral que incluyera Chiloé, los canales occidentales de la Patagonia, el golfo de Penas y Magallanes, de manera de poder determinar las vías más expeditas y seguras para los navegantes, además ejercer soberanía en territorios desconocidos y despoblados.

Todas las investigaciones e información técnica acumulada eran publicadas por distintos órganos oficiales de la Oficina, entre los que se destacaron el Anuario Hidrográfico de Chile, la Revista Marina de Chile y Noticias Hidrográficas. Estas publicaciones, en su conjunto permitían una reordenación de los estudios náuticos y el detalle de la situación geográfica e hidrográfica de las costas del país, además de ser una suerte de enciclopedias de datos específicamente preparados para la institución.

Es así como en el Anuario Hidrográfico de Chile publicó durante la década del setenta diversas investigaciones referentes los archipiélagos de las Guaitecas, Chonos y Taitao (1875); a los canales occidentales de la Patagonia entre el golfo de Penas y Magallanes (1876); el litoral de Viña del Mar y Maitencillo (1876); el litoral de Valdivia (1877) y sobre la flora y fauna de las distintas islas, bahías y puertos de la región patagónica austral (1877), entre muchos otros.

La Oficina Hidrográfica a su vez, sirvió como escuela para la formación de científicos y estimuló la exploración de las costas y canales de Chile.

De esta manera tanto la Armada como la comunidad científica se beneficiaron de los aportes que diferentes oficiales liderados por Francisco Vidal Gormáz, quienes además de realizar un exhaustivo reconocimiento del territorio y generar importantes estudios científicos, ejercieron soberanía en regiones aisladas y desconocidas.
 
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