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Los sonidos del fin del mundo

El pueblo selk’nam de Tierra del Fuego, también conocido como ona, estaba compuesto por cazadores-recolectores llegados a la isla varios milenios antes de Cristo. A pesar de las difíciles condiciones que imponía el clima y de la escasez relativa de recursos naturales existentes en la isla, la sociedad selk’nam desarrolló un complejo sistema de creencias y ritos religiosos que admiraron a los viajeros europeos que visitaron la isla.

La sociedad selk’nam estaba organizada en linajes o unidades de parentesco que habitaban territorios comunes de caza y recolección, denominados haruwen. La isla estaba dividida en un cierto número de ellos, que a su vez se agrupaban en siete “cielos”. Estos últimos eran divisiones mayores de carácter exogámico; es decir, obligaban a las personas nacidas en uno de ellos a casarse con una persona nacida en otro. Los selk’nam creían que todas las plantas y los animales eran la reencarnación de los antepasados míticos que habían habitado el mundo en sus inicios, y por ende cada uno de ellos estaba asociado al “cielo” de donde se creía que provenía ese antepasado. El complejo sistema clasificatorio que se derivaba de la creencia en los “cielos” y en los antepasados míticos constituía de esta manera una de las bases del ordenamiento social selk’nam.

Los chamanes, denominados xo’on, gozaban de gran prestigio en la sociedad selk’nam. Se creía que estaban dotados de poderes sobrenaturales, los que ejercían en beneficio de su grupo a través de la mediación de un espíritu llamado waiuwin. Durante las sesiones de curación o en competencias chamánicas, los xo’on entraban en trance a través de cantos que entonaban por horas, en donde el alma del chamán intentaba ascender a uno de los “cielos”, fuente de su poder.

De entre los rituales practicados por los selk’nam, destacan los ritos funerarios y particularmente la gran ceremonia del Hain, de la que fue testigo privilegiado el antropólogo Martín Gusinde a inicios del siglo XX. El Hain era una compleja y larga ceremonia en la que se iniciaba a los jóvenes a la edad adulta, y al mismo tiempo se legitimaba la dominación de los hombres sobre las mujeres a través de una gran cantidad de ritos, en los que jugaban un importante papel los espíritus que eran encarnados por hombres enmascarados y pintados. Durante el curso de la ceremonia, que se podía extender por varios meses, los hombres adultos aterrorizaban a las mujeres a través de esos espíritus, a la vez que se les narraba en secreto a los jóvenes los tiempos míticos en que las mujeres habían dominado a los hombres y cómo éstos habían logrado predominar sobre ellas.

La ceremonia del Hain funcionaba como una gran representación teatral destinada a asegurar la sumisión de las mujeres, al mismo tiempo que entretener a la comunidad. Por otra parte, estaba llena de ritos anexos y simbolismos relativos a la mitología selk’nam de los “cielos”, lo que la rodeaba de un halo de sacralidad que contrapesaba el carácter teatral de la ceremonia.

La riqueza y complejidad de la cultura selk’nam no sobrevivió al empuje de la colonización de la isla a fines del siglo XIX y a la instalación de estancias ovejeras en el territorio. Masacrados y deportados a misiones católicas, los selk’nam se extinguieron a mediados del siglo XX, dejando tras de sí el recuerdo de una cultura rica y versátil.