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Sólo progresa aquel que sabe

A comienzos de la década de 1970, la Editorial Zig-Zag, la más importante empresa del rubro en ese momento, enfrentó un conflicto con sus trabajadores. Hacia diciembre de ese mismo año, los trabajadores de la empresa acordaron un paro de actividades con el objetivo de que ésta fuera integrada al área social de empresas del Estado. El 12 de febrero de 1971 se firmó el acta de compra de todos los activos de la Editorial Zig-Zag por parte del gobierno de la Unidad Popular. Ese día comenzó la historia de la Editora Nacional Quimantú, bajo la dirección editorial de Joaquín Gutiérrez.

Durante los primeros meses no hubo una línea editorial clara de publicaciones, hasta la aparición de la colección Quimantú Para Todos. Sin embargo, durante el período previo se editaron libros como Diez grandes cuentos chinos, antología de Poli Délano, Violeta Parra cuenta su vida, de Enrique Lihn, o Leyendas de Chile, de Antonio Acevedo Hernández.

La naciente editorial se propuso dos objetivos primordiales. Primero, poner el libro al alcance de todo el pueblo chileno, mediante una política de producción, distribución y tiraje que abaratara costos de edición y venta. Segundo, concebir el libro como un elemento emancipador de conciencias para el “nuevo Chile“ que nacía bajo el gobierno de Salvador Allende. De este modo, Quimantú jugó un papel fundamental en la masificación de información ideológica, social, económica y cultural, ampliando el alcance de sus libros a distintos sectores sociales y privilegiando la refundación de una nueva identidad.

Con tirajes de 50.000 ejemplares, Quimantú alcanzó con sus colecciones los distintos y remotos lugares de la geografía chilena. Es así como la producción de esta editorial creció abarcando distintas áreas del conocimiento y a distintos grupos humanos. El resultado de este esfuerzo fueron series como Nosotros los chilenos, Minilibros, Cordillera -Narrativa de bolsillo-, Cuadernos de Educación Popular, Camino Abierto, Clásicos del Pensamiento Social, Cuncuna, entre otros. Así mismo se editaban revistas como Cabrochico, Onda, Paloma, La Quinta Rueda, La Firme, Mayoría, Estadio, Historietas Q, entre otras.

El desafío planteado por los directivos de Quimantú y la Unidad Popular fue cumpliéndose en el corto plazo. En 1972, en la mayoría de los kioskos del país se encontraban las publicaciones de esta editorial, hecho que no tiene precedentes en la historia editorial chilena.

Tras el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, Quimantú fue cerrada por las nuevas autoridades y sus dependencias fueron intervenidas por efectivos militares. Al año siguiente, y entendiendo la importancia de la labor de Quimantú, el régimen militar refundó sin éxito el sello editorial bajo el nombre de Editora Nacional Gabriela Mistral. Finalmente, casi una década después, se declaró la quiebra de la empresa y las maquinarias fueron rematadas.