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La historia, la tierra, las bellas artes,
os ofrecen sus inmensos tesoros:
a todo puede elevarse vuestra inteligencia
que no cede en viveza y penetración a la del hombre

Mercedes Marín del Solar




Mercedes Marín del Solar es considerada la primera poeta, y una de las precursoras de la literatura femenina en Chile. Ciertamente fue una mujer excepcional para su época, que no se conformó con dedicarse a la vida doméstica o religiosa sino que optó desde muy joven por instruirse y ampliar su cultura. En este sentido, fue fundamental el apoyo de su madre adoptiva, Mercedes Guerra, quien durante su infancia se esmeró por ofrecerle una buena educación y guiarla en sus primeras lecturas. Si bien siempre mostró especial predilección por la literatura, también se interesó por las artes en general: a los doce años, bajo la dirección de su padre, Gaspar Marín, y de don Agustín Vial, estudió francés e italiano y, por otra parte, aprendió canto, piano, vihuela y clavel.

Dueña de un talento innato, demostró a los catorce años su precocidad literaria al escribir su primer poema, inspirado en los sucesos de la Independencia de Chile. Su predilección por la poesía, como diría su hijo Enrique del Solar, se debió a las lecturas de su juventud y a las conversaciones que mantuvo con importantes intelectuales de la época: su hermano Ventura Marín, Andrés Bello y el poeta Ventura Blanco Encalada, con quienes solía leer y comentar a los románticos franceses y a los poetas españoles de la escuela neoclásica. Sin duda, la lectura de aquellos autores extranjeros motivó los temas de su poesía, en la que abundan las alusiones patrióticas, la descripción de la naturaleza, el ensalzamiento de los valores familiares y los temas religiosos.

Su nombre comenzó a ser conocido en la escena cultural santiaguina gracias a las tertulias literarias que ofreció en su hogar junto con su marido, José María del Solar, y por sus dos primeras publicaciones: “Inscripción grabada en la muralla del jardín de una casa de campo” y “Letrillas”. Sin embargo, fue su “Canto fúnebre a la memoria de don Diego Portales”, inspirado en el asesinato de Portales, el escrito que la consagró en las letras chilenas. Esta elegía causó gran impresión entre los lectores, quienes quisieron conocer al autor escondido tras el seudónimo de “Por una Señora Chilena”.

Su dedicación a la escritura no fue constante; mujer de su época en definitiva, debió privilegiar muchas veces sus deberes de madre y esposa. La falta de espacio en Chile para una mujer escritora la fue desalentando, hasta que dejó de publicar y sus versos se convirtieron, tal como ella misma confesó, en un lujo de su vida privada: "una mujer literata en estos países era una clase de fenómeno extraño, y que un cultivo esmerado de la inteligencia exigía de mí hasta cierto punto, el sacrificio de mi felicidad personal”.

Mercedes Marín luchó activamente por la educación de la mujer y no sólo colaboró con la Sociedad de Instrucción Primaria sino que también redactó un pionero plan de estudios. Además de poesía, cultivó otros géneros, tales como la leyenda, la biografía y el ensayo; algunos de ellos fueron recogidos en el libro publicado por su hijo en 1874, Poesías de la señora Doña Mercedes Marín de Solar.