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Qhapaq Ñan

Entre los siglos XIV y XVI el Qhapaq Ñan fue el principal camino del Imperio Inca. Con sus cuatro mil kilómetros desde Colombia hasta el sur de Chile, esta calzada andina puso en contacto a más de diez millones de habitantes del occidente de Sudamérica. Para lograr tan vasta integración, los Incas institucionalizaron una economía basada en la complementariedad entre distintos pisos ecológicos y la redistribución de recursos distantes, necesidades que el Qhapaq Ñan satisfacía conectando las cuatro partes del Imperio: Contisuyo al oeste, Chinchasuyo al norte, Antisuyo al este y Collasuyo al sur.

Con anchos que oscilaban entre uno y cuatro metros, el Camino Principal Andino difería enormemente en escala, técnicas constructivas y apariencia. Para construir el Qhapaq Ñan los planificadores cuzqueños reclamaron derechos exclusivos sobre numerosas rutas tradicionales por las que pasaba el Camino, incluyendo aquellas huellas que se habían trazado muchos siglos antes. Sin embargo, su visión inigualable quedó demostrada en los caminos nuevos donde no había existido ninguno antes, ni población local para mantenerlos en servicio. De hecho, sólo en el Collasuyo Inca los arqueólogos han registrado diversos tramos del camino y cerca de 400 sitios incaicos donde se intensificó la minería, la agricultura, la ganadería y la producción artesanal.

Al borde del camino, los Incas construyeron fortalezas, guarniciones para las tropas y pueblos con trazados similares a la ciudad de Cuzco. Esto, junto con el traslado de localidades y el asentamiento de mitimaes o poblaciones erradicadas de otras regiones en sectores vacíos, modificó la estructura demográfica y étnica de los diversos territorios ocupados. Gracias a los estudios se ha podido comprobar que la sección meridional del Tawantinsuyo incorporó numerosas poblaciones que habitaban en los fértiles valles del oriente boliviano y argentino, en los valles transversales de Chile, así como de territorios del altiplano y sierras con enormes riquezas minerales. Las primeras eran zonas de producción agrícola en territorios donde la ocupación fue negociada con grupos locales, en tanto las segundas, ubicadas hacia occidente y sobre 3.000 metros de altura, implicaron la ocupación de zonas ganaderas menos pobladas, donde el clima era bastante riguroso.

En los núcleos prehispánicos del Norte Grande de Chile no sólo existió una importante ocupación del Imperio Incaico, la cual promovió una fuerte articulación vial con otras provincias, sino que también existió una estrecha relación entre las autoridades locales y la política cuzqueña.

Proveniente desde Tacna, el Qhapaq Ñan cruzaba longitudinalmente la precordillera de Arica en dirección a Tarapacá y Atacama, siendo atravesado por numerosos ramales transversales o caminos secundarios que permitían la conexión de las tierras altas con la costa. En su trayecto, la red vial vinculó un conjunto importante de aldeas agrícolas, pucaras e instalaciones de acopio y refugio en sus inmediaciones.

El “camino de la sierra” que pasaba por Bolivia y el noroeste de Argentina era más largo, transitado y con instalaciones de mayor envergadura que el “camino de la costa” que pasaba por los valles de Arica, Tarapacá y las tierras altas del desierto de Atacama. En ambos ejes los proyectos viales incorporaron una gama de asentamientos distanciados cada seis o nueve kilómetros, diseñados para conectar pequeños paraderos o chaskiwasi y postas de enlace llamadas tambos, conformando una red que alcanzaba más de 20.000 kilómetros en todo el Imperio Inca. Entre estos puntos de enlace y aprovisionamiento los Incas fundaron instalaciones de mayor tamaño o intervinieron poblados locales importantes. Tales centros o llactas se ubicaban sobre o aledañas al Qhapaq Ñan, y poseían una organización espacial característica destinada a la realización de actividades redistributivas a gran escala. En las provincias incaicas, dichas instalaciones constituían enclaves administrativos y ceremoniales dotados de plazas públicas o aukaipatas, kanchas, kallancas y ushnos, así como sectores de collcas destinados al almacenaje de bienes, herramientas, armas y alimentos.

Al igual que en el Tawantinsuyo, la magnitud del Camino Principal Andino constituye hasta el día de hoy un monumento arqueológico integrador de territorios, tradiciones y personas de distintos países.