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Bases de una literatura nacional

La urgente necesidad de asentar la nacionalidad chilena fue el motor que impulsó a Lastarria a sumergirse en la filosofía, la historia, la literatura y los más variados temas, indagando respuestas y acopiando ideas que, con profundo fervor patriótico, le permitieran generar las bases intelectuales de la naciente república.

Aun cuando las condiciones políticas y económicas eran propicias para el desarrollo del proyecto intrelectual de Lastarria, no hay que olvidar dos obstáculos a los que tuvo que enfrentarse. Por una parte, el hecho de que la contingencia política fuera situada como el centro de su trabajo intelectual, en desmedro de las actividades propiamente literarias; y por otra el hecho de desarrollarse en: “un país desprovisto de estímulos culturales, sin maestros, sin libros y casi sin corresponsales ni discípulos”.

En su búsqueda, Lastarria siguió de cerca los pasos de Andrés Bello; uno de sus maestros, respetando la lectura de los clásicos castellanos, pero proponiendo a los franceses como modelo, quienes con sus ideas enciclopedistas, románticas y positivistas le proporcionan los heterogéneos fragmentos con que construye el sistema ideológico que defendió con fervor, y a ratos con fanatismo, a lo largo de toda su vida.

Lo más meritorio de su obra reside tal vez, en su capacidad de cristalizar el deseo subyacente de la sociedad chilena de tener una identidad nacional. Es este anhelo el que acoge en forma tan exitosa y perdurable sus instrucciones de escribir como chilenos e ir instalando, de paso, una literatura nacional. Esta es la propuesta de su discurso inaugural de la Sociedad Literaria, que fue texto fundacional del movimiento literario de 1842.

Sus obras; novelas, cuentos, dramas y artículos de viaje, satíricos y de costumbres, no lograron sostenerse en el tiempo sin el marco cultural en que fueron creadas. En sus Estudios sobre la literatura chilena, Pedro Nolasco Cruz señala: “El estilo es claro, generalmente correcto, y su giro muy elegante. De nuestros escritores es el que tiene mejor frase; pero es árido, y no sabe insinuarse: en lo que ha escrito anda muy señalado el ceño adusto del raciocinio, y faltan casi por completo la sonrisa y el gesto expresivo de la imaginación”.

A pesar del carácter funcional, principalmente enfocado al progreso de las costumbres y a la consolidación de la República, que imprimió a la literatura y a toda su actividad cultural, Lastarria logró sentar las bases de una literatura nacional al volcar la mirada hacia lo propio, abandonar las imitaciones y acoger la libertad creativa que proponía el Romanticismo.