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Las manifestaciones vanguardistas responden a impulsos que surgen de las propias fuerzas sociales que entonces se abren paso en la sociedad latinoamericana.
Nelson Osorio.


En el período comprendido entre 1890 y 1910, América Latina desarrolló un intenso proceso de incorporación al sistema económico mundial, el que se vio traducido en su acceso a la civilización industrial. Dentro de este marco contextual, surgió el Modernismo, propuesta ideológica y estética ligada a la masificación de los ideales capitalistas, que desarrolló una cosmovisión que tuvo como ejes la conciencia de desajuste y el desencanto ante una realidad degradada. Es así como la belleza pasó a ser el fin último del arte; dicho de otro modo, el Modernismo pasó a convertirse en rechazo y denuncia de la realidad social.

Este movimiento logró articular una lengua realmente literaria, en cuanto exploración de las posibilidades artísticas de expresión; sin embargo, terminó convirtiéndose en un proyecto retórico y desligado de la realidad. Surgieron, entonces, dos tendencias dentro de esta escuela. Por una parte, la de aquellos que se mantuvieron fieles a los ideales originales, también llamados modernistas consagrados (Darío, Lugones, Amado Nervo) y, por otra, la de aquellos que asumieron agresivos y polémicos postulados y de quienes surgirían las manifestaciones vanguardistas. Entre los primeros, surgió una subtendencia, la de quienes sumaron a los postulados iniciales una serie de motivos ligados al panteísmo, orientalismo, a impulsos de justicia y redención social. También es importante mencionar, el Mundonovismo, tendencia que apuntó a una vuelta a la tierra, pero que, no se tradujo en una ruptura radical respecto del Modernismo.

El surgimiento del vanguardismo hispanoamericano mantuvo un estrecho vínculo con el contexto económico, político, social y cultural de Latinoamérica. Así, la Primera Guerra Mundial y su relación con la consolidación de Estados Unidos como un sistema hegemónico, la crisis del comercio exterior, que trajo para Latinoamérica la implementación del sistema de sustitución de importaciones lo que se tradujo en el fortalecimiento de las burguesías locales y la proliferación de un movimiento antioligárquico y ligado a esto, el inicio de la Reforma Universitaria (1918), influyeron en el término del Modernismo como corriente estética e ideológica dominante, y en el surgimiento de un proyecto radical que es el que se conoce como vanguardismo.

El período abarcado por dicho proyecto se extendió en su versión más crítica durante la década del '20, ya que en la década siguiente, la gran crisis mundial de 1929, trajo consigo la alianza entre las burguesías y oligarquías locales, las que recurrieron a los golpes militares y la represión interna para contrarrestar la crisis, dejando entonces un mínimo espacio de expresión para los movimientos vanguardistas.

En términos generales, una de las tareas prioritarias del vanguardismo radicó en la destrucción de la institucionalización burguesa del arte, de sus formas y sus manifestaciones. Así en Chile, este afán cuestionador y renovador de los estilos y movimientos precedentes, se manifestó, por una parte en una importante escena de publicaciones experimentales y obras narrativas, así como también en la producción literaria de una serie de poetas de gran influencia tanto a nivel nacional como internacional.

Existe acuerdo en señalar a Vicente Huidobro como el primer poeta vanguardista de la lengua castellana. En su manifiesto “Non serviam” (1914) señaló: “Y he aquí que una buena mañana después de una noche de preciosos sueños y delicadas pesadillas, el poeta se levanta y grita a la madre Natura: “Non serviam” (No te serviré)”, apostando por una nueva poesía que no imitara la naturaleza, sino que creara una realidad propia, sentando así una de las bases del Creacionismo. También resulta importante la figura de Juan Emar y la publicación de sus “Notas de Arte”. Del mismo modo, no es posible obviar la relevancia del grupo Mandrágora, en cuanto manifestación del Surrealismo en Chile.