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  Quintero

14 de agosto de 1822

“Poco después de almuerzo todos montamos a caballo para dirigirnos a la punta de más afuera de la Herradura (Quintero), donde debía reunirse el ganado de las haciendas para contarlo. Técnicamente, una reunión de esta especie se llama rodeo, y tiene lugar ordinariamente en el verano, o más bien en el otoño. En tal ocasión reúnense todos los inquilinos de la hacienda, y seguidos de las muchachas que se han quedado atrás para engalanarse alegremente, aparecen después en el corral. El día señalado para el rodeo, los hombres, que van todos montados, se dividen en grupos; cada tropa tiene un jefe, a cuyas órdenes avanza, se estrecha, se separa, o se retira, conforme a la naturaleza del terreno, y no hay terreno tan escabroso, ni cerro tan encumbrado, ni bosque tan espeso que no lo franqueen. A fin de defenderse los brazos y las piernas contra las ramas, usan unas curiosas envolturas de cuero, amarradas a las caderas, que les defienden enteramente las rodillas y la parte inferior de la pierna; son por lo general de piel de foca, curiosamente laboriados y amarrados fantásticamente por cordones. He visto algunos muy caros, que ha costado quince pesos. Los cueros para los brazos son más sencillos. Estos hombres pasan a veces varias noches con sus perros en los cerros para recoger el ganado; una vez reunido, se apartan los animales que pertenecen a extraños y se marca todo el ganado de la hacienda. Un rodeo es una escena de regocijo: uno ve ahí al chileno en sus glorias; corriendo a caballo, tirando el lazo, domando animales chúcaros, sean caballos o mulas, y a veces, por chancearse, montándosele en los lomos al mismo grave buey. El rodeo de hoy no es tan festivo; tiene por objeto únicamente contar el ganado de la hacienda.
Los vaqueros mayores deben, generalmente hablando, ser nacidos en la misma hacienda donde trabajan. Las guaridas del ganado están a tanta distancia y el campo está tan poco poblado y tiene tan poco tráfico, que las huellas y las señales no sirven de nada, y sólo la experiencia puede guiar al vaquero en las distintas estaciones para dar con las diferentes guaridas de las bestias. Su ocupación, además de atender a los rodeos, es llevar a pastar el ganado, sea al llano, sea a los cerros, según la estación; apartarlos de manera que tengan libre acceso al agua y vigilar las nuevas crías, sean terneros, caballos o mulas. Rara es la vez que un vaquero no anda a caballo; es de dudar si la parte humana y el bruto fueron en los centauros más inseparables que en un vaquero y su cabalgadura. Cada uno de estos hombres tiene a su cargo cierto número de animales vacunos, de los que debe responder al mayordomo de la hacienda. Hay una parte de la ceremonia muy agradable para los hombres que en ella toman parte. Como a las doce del día se le pide a uno de los peones que lacee un novillo para matarlo inmediatamente y ofrecerlo asado a la concurrencia; el cuero sin embargo pertenece a la hacienda, y en consecuencia se procede al momento a cortarlo en tiras, que sirven para hacer lazos, correas y una multitud de cosas por el estilo”.

Graham, María. Diario de su residencia en Chile (1822) y de su viaje al Brasil (1823); San Marín, Cochrane, O’Higgins. Madrid: Edit. América, [19--].
Ubicación: Sala Barros Arana III-64A(17)
N° sistema: 80661


Documentos:
Arado y carreta de la Hacienda de Lord Cochrane en Quintero, 1822
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Bahía de Quintero, 1822
Lámina jpg, 51KB Abrir Documento Ver Ficha