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La nuestra fue una posición de principio: nacer con lo nuestro

Entre los innumerables proyectos literarios de la Editora Nacional Quimantú, apareció en octubre de 1972 una nueva revista, la que fue bautizada como La Quinta Rueda.

Este impreso mensual tenía como objetivo principal abordar los temas contingentes sobre cultura, reflejando en primer término los variados aspectos de la realidad social chilena. Sus gestores eran personas de una reconocida trayectoria intelectual: el periodista y crítico Hans Ehrmann, el escritor Antonio Skármeta y los críticos Mario Salazar y Carlos Maldonado. Ellos integraron el consejo de redacción de la revista y desde esa tribuna autoproclamaron una “revolución cultural”.

Desde su primer número, La Quinta Rueda tuvo como principal propósito convertirse en “un órgano de discusión” y de acceso a quienes tuvieran “algo que aportar al diagnóstico y desarrollo de nuestra realidad cultural”. Se aceptaron los más variados puntos de vista, siempre y cuando se debatiera sobre lo nacional.

La Quinta Rueda, con su título alusivo e irónico fue una clara protesta en contra del gobierno de Salvador Allende y algunos sectores sociales por su falta de atención y compromiso con la cultura, como si esta fuera “la quinta rueda del carro”.

En su primer número, La Quinta Rueda, presentó su formato: veinticuatro páginas compuestas por artículos, reportajes y entrevistas. La página inicial estaría destinada a breves noticias sobre diversos temas culturales: concursos literarios, visitas de artistas, pequeños reportajes a autores nacionales, reseñas de libros, comentarios de cine, arte y literatura. En sus otras hojas, en combinación con los artículos, se ubicó publicidad de distintas editoriales y propaganda a libros nacionales e internacionales, de preferencia provenientes de Cuba y Unión Sovética.

Ya en el segundo número, los editores contaron con entusiasmo el éxito de la revista: “La acogida del público, a pesar de las dificultades ambientes, fue óptima. A los pocos días La Quinta Rueda se había agotado en muchos lugares”.

En las siguientes ediciones, colaboraron con sus artículos y opiniones innumerables intelectuales de la escena nacional, tales como Jorge Díaz, José Donoso, Sergio Vodanovic, Carlos Droguett, Manuel Rojas, Víctor Jara, Miguel Littin, Volodia Teitelboim, Pablo Neruda, Ariel Dorfman, Raúl Ruiz, Alfonso Calderón, Patricio Guzmán, entre otros. Y las temáticas que se abordaron fueron variadas, desde música, teatro, cine, sexo, comics, literatura, actividades culturales, educación, patrimonio, lo que reflejó la amplia noción de cultura que no sólo tenían sus editores, sino también Quimantú.

A lo largo de todos sus números, La Quinta Rueda no olvidó nunca su principal objetivo: “recalcar y señalar la falta de política cultural orgánica”. Sin embargo, hasta la edición sexta, no observaron mayores cambios en las iniciativas de gobierno. Su opinión, entonces, fue muy crítica: “Pasaron siete meses y la situación sigue igual. Existen variadas expresiones de acción cultural popular desencadenadas por el proceso, pero no se vislumbra aún su coordinación y estímulo global”.

El último número de La Quinta Rueda fue publicado en agosto de 1973, un fin que ninguno de los editores pudo anticipar. En septiembre de ese año, tras el golpe de Estado, la editorial Quimantú fue clausurada y con ella desaparecieron todas las revistas.